Testimonio de Balbi (V cuatro40)
Mi testimonio empieza con una palabra SI. Una palabra sencilla, de solo 2 letras, Una palabra que decimos muchas veces casi sin pensar… Pero cuando se trata de Dios… decir SI ya no es tan fácil. Y a mí me costó bastante….
Durante muchos años viví tranquila en mi propio camino. Un camino que iba en paralelo al de Dios. Cuando lo necesitaba, lo buscaba… y Él siempre estaba ahí. Esperando. Escuchando. Acogiéndome. Pero cuando todo volvía a estar bien, cuando yo quería una vida tranquila, sin complicaciones… volvía a mi propio camino.
Y así pasaron muchos años…. A veces cerca de Dios, a veces lejos. Dentro y fuera de la Iglesia. Viviendo una fe… según mis intereses. Vivía, si…. Vivía una vida llena… Llena de personas… Llena de momentos… Llena de cosas buenas… Pero aun así sentía un vacío dentro de mí, un vacío que nada conseguía llenar.
Hasta que un día llegó a mi vida algo llamado Cuatro40. También ahí me costó decir SI. Escuchaba a la gente hablar maravillas. Veía cómo les cambiaba la cara al contarlo. Pero nadie te dice exactamente lo que es. Porque Cuatro40 no se explica… se vive.
Y pasaron varios encuentros… hasta que llegó el quinto Cuatro40. Y entonces entendí algo. Había llegado mi momento. Y llegó el día. El día en que dije SI. SI a una experiencia. SI a algo desconocido. SI a algo que no sabía muy bien qué era… pero que sentía que necesitaba vivir.
Y dije SI. SI a vivir un encuentro Cuatro40. Fue un fin de semana lleno de emociones. Momentos muy profundos. Momentos de mucha alegría compartida. Y sí… también, de alguna que otra lagrimilla. Silencios que invitaban a mirar hacia dentro, palabras que tocaban el corazón y encuentros con personas que, sin conocerme apenas, me hicieron sentir acompañada y comprendida. Pero incluso con todo lo que estaba experimentando, todo lo que estaba viviendo, todo lo que estaba sintiendo… Todavía me seguía costando decir SI a Dios.
Durante una conversación con nuestro párroco Manolo me hizo una pregunta: ¿QUE MAS NECESITAS…? Pues, aun así, todavía necesite un poquito más…. Pero por fin llego, el momento, mi momento y dije SI. SI a Dios. SI a Jesús. SI al Espíritu Santo. SI a la Cruz. SI a la Iglesia. SI a mi comunidad. Y desde entonces, cada día le pido a Dios algo muy sencillo: Que me ayude a seguir diciendo SI. SI incluso cuando cuesta. SI incluso cuando no entiendo. SI incluso cuando el camino no es fácil. Porque quiero caminar en la FE. Porque quiero que Dios ilumine mi camino. Y porque hoy sé…, que la vida que quiero vivir…, es una vida en Dios.
Testimonio de Eladio (V cuatro40)
Testimonio de Antonia García León (V cuatro40)
Por fin pude vivir el encuentro “Cuatro40”, algo que llevaba mucho tiempo deseando. Y fue una doble alegría, porque no fui sola: mi marido, que al principio estaba más distante, decidió acompañarme. Para mí, eso fue un regalo del Señor.
Allí me sentí muy acogida, querida y cuidada. Me descubrí como una hija amada de Dios, incluso con mis debilidades. Entendí que Dios nunca me ha abandonado; era yo quien muchas veces me alejaba. Fueron días intensos. Lloré, pero también sentí una alegría muy profunda. Comprendí que no estamos solos, que el Señor siempre está cerca, buscándonos y amándonos.
Aprendí a abrir más mi corazón, a dejar los miedos y a quedarme con lo bueno. Descubrí la importancia del Espíritu Santo y de la Palabra de Dios para mi vida. También me marcó mucho el servicio y el amor con el que me cuidaron. Eso me enseñó a valorarme más y a aprender a recibir.
Hoy quiero seguir este camino: rezar más, escuchar al Señor y sentir su presencia. Quiero amar, perdonar y ayudar más a los demás. Yo siempre pedía que aumentara mi fe, y puedo decir que este encuentro la ha fortalecido y ha abierto mi corazón.
Testimonio de María Úbeda (V cuatro40)
Cuando me apunté al cuatro40 no lo tenía muy claro, pero tenía inquietud, la verdad, por saber de qué se trataba, me habían hablado que sería muy bueno para mi fe y mi crecimiento personal. La verdad que cuando llegó el día pensé no ir, dónde iba yo si no iba a cambiar nada a mi fe… pero algo me movía por dentro y fui con dudas y muchos nervios y a la vez mucha ilusión y esperanza.
Cuando entré allí con esa acogida con tanto cariño, me olvidé de las cosas de fuera y comencé a disfrutar. No sé ni cómo comenzar, pero deciros que la alegría se comparte. Se que alguien siempre va conmigo, que los problemas que tengo en mi vida son pequeños aunque sean muy importantes para mí. Descubrí que tengo un compañero de viaje llamado Jesús. Que nunca estoy sola, que tengo fe y se alimenta en la comunidad y compartiéndola con todos. Y con tus hermanos en la fe se hace grande comprender, perdonar, amar, y compartir.
Siento que no estoy sola, que teniendo a mi lado a Jesús y a los hermanos todo lo puedo, que soy hija amada por Dios. Me he reafirmado en mi fe, he hecho balance de mi vida, me he emocionado y he descubierto que mi vida es importante, pero con la fe sea pequeña o grande, porque no se medirla,
Gracias Dios, necesito valentía para crecer y abrir mis ojos y mi corazón porque sigo en pie y necesito fe para no pensar en lo que no tengo sino en dar gracias gracias por lo que sí tengo, necesito vaciar mi mochila de piedras y dejar entrar la arena de mi compañero de vida Jesús.
“Este es el mejor momento de salir y respirar”
Testimonio de Verónica (V cuatro40)
Me gustaría empezar por presentarme. Me llamo Verónica, hija de Fina la lechera, hermana de Encarna y no sigo presentando a mi super familia porque se va el folio. A pesar de eso era una más del montón ¿y qué es eso? Bueno, esa chica del montón es una persona invisible, insegura, miedosa, culpable y pecadora. Quien me conozca no podrá creer lo que estoy diciendo… sobre todo porque, según me dicen, no APARENTO eso.
Para ser sincera, antes de este encuentro la iglesia para mí era algo en contra de mis pensamientos racionales. Esto lo digo porque según fuentes de INTERNET y HABLADURÍAS, hay cosas en mi vida que, para SEGÚN QUIENES, no son lo “objetivamente estipulado”. Esto me llevaba a alejarme y decir “vale, yo llevo mi propia fe”.
Lo cierto es que en mis momentos oscuros me agarraba a una cruz y rezaba como si no hubiera un mañana. Me ponía Radío María y rezaba el Rosario, yo sola pero alejada de lo que es la parroquia y su vida con el pensamiento de…yo no encajo porque mi forma de amar es otra. Pero amigos, qué equivocada estaba…
Después de una de las danas más impactantes y destructoras que he tenido en mi vida aparece una persona, o mejor dicho, una luz que me hace cambiar todo: mi hermana Encarna. Un día llega y me dice… mira lo que te digo, te apunto al cuatro40. Te hace falta y lo necesitas. Mi respuesta fue “Vale, un fin de semana de descanso y relax que me hace falta sí, eso sí, yo catequista no quiero ser” Su respuesta “ni yo que lo seas” en tono sarcástico.
Una vez apuntada la gente (acordarse de que era invisible según yo) empieza a decirme “¡Madre mía! ¡Qué bien! ¡Me alegro muchísimo! ¡Qué emoción! ¿Tu? ¡Qué fuerte!,” y yo por supuesto flipando en colores porque algunas casi lloraban.
Llega el esperado día que comienza este torbellino, huracán y tormenta que fue mi encuentro con dios. Tenía claro que iba a abrirme en canal y dejarme llevar por todo lo que me viniera. Solo puedo decir que me llevé 5 paquetes de clinex y todavía tuve que usar el rollo de papel higiénico del baño, lo cual significó LIMPIEZA, PURIFICACIÓN Y ENCUENTRO.
Al terminar pensé que era el fin, pero de repente me encuentro en el vía crucis, en misa un día a la semana y los domingos, planeando un viaje de misionera a Bolivia, en el encuentro Tabor, leyendo la Biblia, rezando, viendo The Chosen y dentro de la vida de la parroquia ¿Y eso como ha sido? No puedo decir más que cuando descubres un lugar donde todo se mueve con amor, ves el cariño y la dedicación con que hacen absolutamente todo y donde solo sientes cosas buenas y muy bonitas lo único que te queda es abrirte en canal y empaparte de la gracia divina.
Al principio he dicho que ERA una del montón. Pues ahora digo que SOY una del montón, pero del montón de GENTE MARAVILLOSA QUE FORMA EL 4-40 y por supuesto del montón que forma la PARROQUIA DE TORRE PACHECO.
Y por último decir: Gracias Dios mío por salir a mi encuentro porque hoy mi fe no es un misterio, es una relación viva con el Espíritu Santo. Gracias por el retiro cuatro40 que me sacudió y por cada uno de esos seis jueves que me sostuvieron y me enseñaron a caminar a tu lado.
Con el corazón abierto y lleno de gratitud, Verónica, hija amada de dios
Testimonio de Laly (V cuatro40)
Mi camino de fe no empezó solo; comenzó a caminar el día que conocí al que hoy es mi marido. Él fue el primer puente hacia Dios, y hoy, que ambos estamos recorriendo juntos el camino de Proyecto Amor Conyugal, entiendo con total claridad que Dios me lo puso como una semilla. Él fue el instrumento del Señor para que yo empezara a vislumbrar lo que significa ser una hija amada; a través de nuestro amor, Dios fue preparando mi terreno.
Poco a poco he ido redescubriendo a Cristo en mi vida, aunque debo confesar que mi fe no ha sido una línea recta. He tenido momentos de oscuridad y dudas que a veces me han hecho tropezar o recaer. Sin embargo, en esos momentos difíciles, Dios no me dejó sola: puso en mi camino a compañeras que han sido luz. Gracias a María Jesús y a María, y después a Isabel Lledó, Isabel Olmos y Mari Tere, que me han guiado y sostenido cuando más lo necesitaba. Con su
testimonio y su cariño, ellas me han recordado lo profundamente amada que soy, incluso cuando yo misma no podía verlo.
Al llegar al encuentro cuatro40, esa semilla floreció de una manera nueva. Me esperaban con los brazos abiertos y una alegría que me desbordó. Me encontré con un ambiente lleno de paz, donde el servicio y el acompañamiento constante de todos en todo momento me hicieron sentir, por fin, en casa. No eran solo palabras; era el amor de Dios hecho servicio en cada detalle. Las reuniones semanales han sido el espacio para confirmar que no camino sola. Mi comunidad me ha sostenido y me ha enseñado que la misión de evangelizar empieza por dejarse amar.
Si tuviera que resumir todo lo que Dios ha grabado en mi alma en este encuentro en una sola palabra, esa es: CONFÍA.
Confía en el plan de Dios para mi matrimonio, confía en mi identidad como Su hija y confía en que, a pesar de mis dudas, Él siempre me espera con los brazos abiertos.
El cuatro40 me enseñó que mi valor no depende de lo que otros piensen o hagan, que puedo amar y servir desde la fe y desde la paz, y que ser semilla de Dios es vivir su amor cada día. Hoy camino con una fe más madura, más libre y más confiada, y mi corazón agradece por cada prueba, cada abrazo, y cada persona que han sido instrumento del amor de Dios en mi vida. Dios me enseñó que no estoy sola, que siempre estoy sostenida, y que mi historia es Su obra de
amor.
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Testimonio de Antonia García León (V cuatro40)
Por fin pude vivir el encuentro “Cuatro40”, algo que llevaba mucho tiempo deseando. Y fue una doble alegría, porque no fui sola: mi marido, que al principio estaba más distante, decidió acompañarme. Para mí, eso fue un regalo del Señor.
Allí me sentí muy acogida, querida y cuidada. Me descubrí como una hija amada de Dios, incluso con mis debilidades. Entendí que Dios nunca me ha abandonado; era yo quien muchas veces me alejaba. Fueron días intensos. Lloré, pero también sentí una alegría muy profunda. Comprendí que no estamos solos, que el Señor siempre está cerca, buscándonos y amándonos.
Aprendí a abrir más mi corazón, a dejar los miedos y a quedarme con lo bueno. Descubrí la importancia del Espíritu Santo y de la Palabra de Dios para mi vida. También me marcó mucho el servicio y el amor con el que me cuidaron. Eso me enseñó a valorarme más y a aprender a recibir.
Hoy quiero seguir este camino: rezar más, escuchar al Señor y sentir su presencia. Quiero amar, perdonar y ayudar más a los demás. Yo siempre pedía que aumentara mi fe, y puedo decir que este encuentro la ha fortalecido y ha abierto mi corazón.
Testimonio de María Úbeda (V cuatro40)
Cuando me apunté al cuatro40 no lo tenía muy claro, pero tenía inquietud, la verdad, por saber de qué se trataba, me habían hablado que sería muy bueno para mi fe y mi crecimiento personal. La verdad que cuando llegó el día pensé no ir, dónde iba yo si no iba a cambiar nada a mi fe… pero algo me movía por dentro y fui con dudas y muchos nervios y a la vez mucha ilusión y esperanza.
Cuando entré allí con esa acogida con tanto cariño, me olvidé de las cosas de fuera y comencé a disfrutar. No sé ni cómo comenzar, pero deciros que la alegría se comparte. Se que alguien siempre va conmigo, que los problemas que tengo en mi vida son pequeños aunque sean muy importantes para mí. Descubrí que tengo un compañero de viaje llamado Jesús. Que nunca estoy sola, que tengo fe y se alimenta en la comunidad y compartiéndola con todos. Y con tus hermanos en la fe se hace grande comprender, perdonar, amar, y compartir.
Siento que no estoy sola, que teniendo a mi lado a Jesús y a los hermanos todo lo puedo, que soy hija amada por Dios. Me he reafirmado en mi fe, he hecho balance de mi vida, me he emocionado y he descubierto que mi vida es importante, pero con la fe sea pequeña o grande, porque no se medirla,
Gracias Dios, necesito valentía para crecer y abrir mis ojos y mi corazón porque sigo en pie y necesito fe para no pensar en lo que no tengo sino en dar gracias gracias por lo que sí tengo, necesito vaciar mi mochila de piedras y dejar entrar la arena de mi compañero de vida Jesús.
“Este es el mejor momento de salir y respirar”
Testimonio de Verónica (V cuatro40)
Me gustaría empezar por presentarme. Me llamo Verónica, hija de Fina la lechera, hermana de Encarna y no sigo presentando a mi super familia porque se va el folio. A pesar de eso era una más del montón ¿y qué es eso? Bueno, esa chica del montón es una persona invisible, insegura, miedosa, culpable y pecadora. Quien me conozca no podrá creer lo que estoy diciendo… sobre todo porque, según me dicen, no APARENTO eso.
Para ser sincera, antes de este encuentro la iglesia para mí era algo en contra de mis pensamientos racionales. Esto lo digo porque según fuentes de INTERNET y HABLADURÍAS, hay cosas en mi vida que, para SEGÚN QUIENES, no son lo “objetivamente estipulado”. Esto me llevaba a alejarme y decir “vale, yo llevo mi propia fe”.
Lo cierto es que en mis momentos oscuros me agarraba a una cruz y rezaba como si no hubiera un mañana. Me ponía Radío María y rezaba el Rosario, yo sola pero alejada de lo que es la parroquia y su vida con el pensamiento de…yo no encajo porque mi forma de amar es otra. Pero amigos, qué equivocada estaba…
Después de una de las danas más impactantes y destructoras que he tenido en mi vida aparece una persona, o mejor dicho, una luz que me hace cambiar todo: mi hermana Encarna. Un día llega y me dice… mira lo que te digo, te apunto al cuatro40. Te hace falta y lo necesitas. Mi respuesta fue “Vale, un fin de semana de descanso y relax que me hace falta sí, eso sí, yo catequista no quiero ser” Su respuesta “ni yo que lo seas” en tono sarcástico.
Una vez apuntada la gente (acordarse de que era invisible según yo) empieza a decirme “¡Madre mía! ¡Qué bien! ¡Me alegro muchísimo! ¡Qué emoción! ¿Tu? ¡Qué fuerte!,” y yo por supuesto flipando en colores porque algunas casi lloraban.
Llega el esperado día que comienza este torbellino, huracán y tormenta que fue mi encuentro con dios. Tenía claro que iba a abrirme en canal y dejarme llevar por todo lo que me viniera. Solo puedo decir que me llevé 5 paquetes de clinex y todavía tuve que usar el rollo de papel higiénico del baño, lo cual significó LIMPIEZA, PURIFICACIÓN Y ENCUENTRO.
Al terminar pensé que era el fin, pero de repente me encuentro en el vía crucis, en misa un día a la semana y los domingos, planeando un viaje de misionera a Bolivia, en el encuentro Tabor, leyendo la Biblia, rezando, viendo The Chosen y dentro de la vida de la parroquia ¿Y eso como ha sido? No puedo decir más que cuando descubres un lugar donde todo se mueve con amor, ves el cariño y la dedicación con que hacen absolutamente todo y donde solo sientes cosas buenas y muy bonitas lo único que te queda es abrirte en canal y empaparte de la gracia divina.
Al principio he dicho que ERA una del montón. Pues ahora digo que SOY una del montón, pero del montón de GENTE MARAVILLOSA QUE FORMA EL 4-40 y por supuesto del montón que forma la PARROQUIA DE TORRE PACHECO.
Y por último decir: Gracias Dios mío por salir a mi encuentro porque hoy mi fe no es un misterio, es una relación viva con el Espíritu Santo. Gracias por el retiro cuatro40 que me sacudió y por cada uno de esos seis jueves que me sostuvieron y me enseñaron a caminar a tu lado.
Con el corazón abierto y lleno de gratitud, Verónica, hija amada de dios
[/vc_column][/vc_row]Testimonio de Ina (V cuatro40)
Yo no sé expresar muy bien las emociones de fe, pues mi abuela paterna fue la que me enseñó a conocer a Jesús y hablar con El cómo a un amigo, yo tenía ocho años
Siempre lo he sentido a mi lado, siempre he sentido su amor, como me cuida he pasado momentos difíciles y siempre lo he tenido a mi lado.
El fin de semana del cuatro40 ha sido un regalo pues ha sido un tiempo de estar con Él con relajación, paz y volver a sentir su amor Lo recomiendo a las personas q conozco y q se sienten solas o tienen dudas sobre su fe.
[/vc_column_text]
Testimonio de Laly (V cuatro40)
Mi camino de fe no empezó solo; comenzó a caminar el día que conocí al que hoy es mi marido. Él fue el primer puente hacia Dios, y hoy, que ambos estamos recorriendo juntos el camino de Proyecto Amor Conyugal, entiendo con total claridad que Dios me lo puso como una semilla. Él fue el instrumento del Señor para que yo empezara a vislumbrar lo que significa ser una hija amada; a través de nuestro amor, Dios fue preparando mi terreno.
Poco a poco he ido redescubriendo a Cristo en mi vida, aunque debo confesar que mi fe no ha sido una línea recta. He tenido momentos de oscuridad y dudas que a veces me han hecho tropezar o recaer. Sin embargo, en esos momentos difíciles, Dios no me dejó sola: puso en mi camino a compañeras que han sido luz. Gracias a María Jesús y a María, y después a Isabel Lledó, Isabel Olmos y Mari Tere, que me han guiado y sostenido cuando más lo necesitaba. Con su
testimonio y su cariño, ellas me han recordado lo profundamente amada que soy, incluso cuando yo misma no podía verlo.
Al llegar al encuentro cuatro40, esa semilla floreció de una manera nueva. Me esperaban con los brazos abiertos y una alegría que me desbordó. Me encontré con un ambiente lleno de paz, donde el servicio y el acompañamiento constante de todos en todo momento me hicieron sentir, por fin, en casa. No eran solo palabras; era el amor de Dios hecho servicio en cada detalle. Las reuniones semanales han sido el espacio para confirmar que no camino sola. Mi comunidad me ha sostenido y me ha enseñado que la misión de evangelizar empieza por dejarse amar.
Si tuviera que resumir todo lo que Dios ha grabado en mi alma en este encuentro en una sola palabra, esa es: CONFÍA.
Confía en el plan de Dios para mi matrimonio, confía en mi identidad como Su hija y confía en que, a pesar de mis dudas, Él siempre me espera con los brazos abiertos.
El cuatro40 me enseñó que mi valor no depende de lo que otros piensen o hagan, que puedo amar y servir desde la fe y desde la paz, y que ser semilla de Dios es vivir su amor cada día. Hoy camino con una fe más madura, más libre y más confiada, y mi corazón agradece por cada prueba, cada abrazo, y cada persona que han sido instrumento del amor de Dios en mi vida. Dios me enseñó que no estoy sola, que siempre estoy sostenida, y que mi historia es Su obra de
amor.
Testimonio de Antonia García León (V cuatro40)
Por fin pude vivir el encuentro “Cuatro40”, algo que llevaba mucho tiempo deseando. Y fue una doble alegría, porque no fui sola: mi marido, que al principio estaba más distante, decidió acompañarme. Para mí, eso fue un regalo del Señor.
Allí me sentí muy acogida, querida y cuidada. Me descubrí como una hija amada de Dios, incluso con mis debilidades. Entendí que Dios nunca me ha abandonado; era yo quien muchas veces me alejaba. Fueron días intensos. Lloré, pero también sentí una alegría muy profunda. Comprendí que no estamos solos, que el Señor siempre está cerca, buscándonos y amándonos.
Aprendí a abrir más mi corazón, a dejar los miedos y a quedarme con lo bueno. Descubrí la importancia del Espíritu Santo y de la Palabra de Dios para mi vida. También me marcó mucho el servicio y el amor con el que me cuidaron. Eso me enseñó a valorarme más y a aprender a recibir.
Hoy quiero seguir este camino: rezar más, escuchar al Señor y sentir su presencia. Quiero amar, perdonar y ayudar más a los demás. Yo siempre pedía que aumentara mi fe, y puedo decir que este encuentro la ha fortalecido y ha abierto mi corazón.
Testimonio de María Úbeda (V cuatro40)
Cuando me apunté al cuatro40 no lo tenía muy claro, pero tenía inquietud, la verdad, por saber de qué se trataba, me habían hablado que sería muy bueno para mi fe y mi crecimiento personal. La verdad que cuando llegó el día pensé no ir, dónde iba yo si no iba a cambiar nada a mi fe… pero algo me movía por dentro y fui con dudas y muchos nervios y a la vez mucha ilusión y esperanza.
Cuando entré allí con esa acogida con tanto cariño, me olvidé de las cosas de fuera y comencé a disfrutar. No sé ni cómo comenzar, pero deciros que la alegría se comparte. Se que alguien siempre va conmigo, que los problemas que tengo en mi vida son pequeños aunque sean muy importantes para mí. Descubrí que tengo un compañero de viaje llamado Jesús. Que nunca estoy sola, que tengo fe y se alimenta en la comunidad y compartiéndola con todos. Y con tus hermanos en la fe se hace grande comprender, perdonar, amar, y compartir.
Siento que no estoy sola, que teniendo a mi lado a Jesús y a los hermanos todo lo puedo, que soy hija amada por Dios. Me he reafirmado en mi fe, he hecho balance de mi vida, me he emocionado y he descubierto que mi vida es importante, pero con la fe sea pequeña o grande, porque no se medirla,
Gracias Dios, necesito valentía para crecer y abrir mis ojos y mi corazón porque sigo en pie y necesito fe para no pensar en lo que no tengo sino en dar gracias gracias por lo que sí tengo, necesito vaciar mi mochila de piedras y dejar entrar la arena de mi compañero de vida Jesús.
“Este es el mejor momento de salir y respirar”
Testimonio de Verónica (V cuatro40)
Me gustaría empezar por presentarme. Me llamo Verónica, hija de Fina la lechera, hermana de Encarna y no sigo presentando a mi super familia porque se va el folio. A pesar de eso era una más del montón ¿y qué es eso? Bueno, esa chica del montón es una persona invisible, insegura, miedosa, culpable y pecadora. Quien me conozca no podrá creer lo que estoy diciendo… sobre todo porque, según me dicen, no APARENTO eso.
Para ser sincera, antes de este encuentro la iglesia para mí era algo en contra de mis pensamientos racionales. Esto lo digo porque según fuentes de INTERNET y HABLADURÍAS, hay cosas en mi vida que, para SEGÚN QUIENES, no son lo “objetivamente estipulado”. Esto me llevaba a alejarme y decir “vale, yo llevo mi propia fe”.
Lo cierto es que en mis momentos oscuros me agarraba a una cruz y rezaba como si no hubiera un mañana. Me ponía Radío María y rezaba el Rosario, yo sola pero alejada de lo que es la parroquia y su vida con el pensamiento de…yo no encajo porque mi forma de amar es otra. Pero amigos, qué equivocada estaba…
Después de una de las danas más impactantes y destructoras que he tenido en mi vida aparece una persona, o mejor dicho, una luz que me hace cambiar todo: mi hermana Encarna. Un día llega y me dice… mira lo que te digo, te apunto al cuatro40. Te hace falta y lo necesitas. Mi respuesta fue “Vale, un fin de semana de descanso y relax que me hace falta sí, eso sí, yo catequista no quiero ser” Su respuesta “ni yo que lo seas” en tono sarcástico.
Una vez apuntada la gente (acordarse de que era invisible según yo) empieza a decirme “¡Madre mía! ¡Qué bien! ¡Me alegro muchísimo! ¡Qué emoción! ¿Tu? ¡Qué fuerte!,” y yo por supuesto flipando en colores porque algunas casi lloraban.
Llega el esperado día que comienza este torbellino, huracán y tormenta que fue mi encuentro con dios. Tenía claro que iba a abrirme en canal y dejarme llevar por todo lo que me viniera. Solo puedo decir que me llevé 5 paquetes de clinex y todavía tuve que usar el rollo de papel higiénico del baño, lo cual significó LIMPIEZA, PURIFICACIÓN Y ENCUENTRO.
Al terminar pensé que era el fin, pero de repente me encuentro en el vía crucis, en misa un día a la semana y los domingos, planeando un viaje de misionera a Bolivia, en el encuentro Tabor, leyendo la Biblia, rezando, viendo The Chosen y dentro de la vida de la parroquia ¿Y eso como ha sido? No puedo decir más que cuando descubres un lugar donde todo se mueve con amor, ves el cariño y la dedicación con que hacen absolutamente todo y donde solo sientes cosas buenas y muy bonitas lo único que te queda es abrirte en canal y empaparte de la gracia divina.
Al principio he dicho que ERA una del montón. Pues ahora digo que SOY una del montón, pero del montón de GENTE MARAVILLOSA QUE FORMA EL 4-40 y por supuesto del montón que forma la PARROQUIA DE TORRE PACHECO.
Y por último decir: Gracias Dios mío por salir a mi encuentro porque hoy mi fe no es un misterio, es una relación viva con el Espíritu Santo. Gracias por el retiro cuatro40 que me sacudió y por cada uno de esos seis jueves que me sostuvieron y me enseñaron a caminar a tu lado.
Con el corazón abierto y lleno de gratitud, Verónica, hija amada de dios
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Testimonio de Flavia (V cuatro40)
Que ha supuesto para mi el encuentro. Cuatro Cuarenta. Que desde ya digo que no ha sido simplemente un retiro o un momento bonito, sino que ha sido un encuentro real con el Señor.
Para mí, este encuentro ha sido como un alto en mi camino. Como si el Señor me dijera: Detente un momento mira todo lo que has vivido, mira todo lo que hemos caminado juntos. Y en ese silencio, en ese parar, he podido ver con claridad quién soy, de dónde vengo y hasta dónde he llegado. He podido reconocer todas las maravillas que el Señor ha hecho en mi vida, incluso en aquellos momentos donde yo sólo veía dolor, confusión y soledad. Porque muchas veces creía que estaba luchando sola, que todo dependía de mis propias fuerza, pero no era así. Hoy puedo decir con certeza que nunca he estado sola.
Mi vida y como migrante no ha sido fácil. Salir de mi país, dejar atrás mi tierra, mi gente, mi familia y mis amigos, no es solo cambiar de lugar, es empezar de nuevo y de cero con el corazón lleno de incertidumbre. Creo que aprendí a vivir entre dos mundos, sin sentirme completamente de ninguno. Muchas veces me he sentido fuera de lugar. Como si no terminara de encajar aquí, Y eso duele… duele más de lo que se puede explicar. Porque es una lucha interna constante: querer ser aceptada, querer pertenecer, querer encontrar mi sitio.
Intenté cambiar muchas cosas de mí para encajar, para ser como los demás, para no sentirme diferente. Pero en ese intento, me fui perdiendo a mí misma. Hubo momentos en los que ya no sabía quién era. y dentro de mí solo había una pregunta: ¿entonces quién soy? Que ha sido de mi. A todo eso se sumaban mis propias inseguridades. Siempre pensé que era poca cosa, que no sería capaz de llegar lejos, que nunca sería como esas personas que parecen tenerlo todo: seguridad, éxito, facilidad para relacionarse. A mí siempre me ha costado acercarme a la gente, iniciar una conversación, crear amistades, y eso, en un país que no es el mío, pesa aún más.
Pero como si eso no bastará el Señor, me dio un momento que marcó profundamente mi vida, fue la pérdida de mi padre, estando lejos de él. Uno de los dolores más grandes que he vivido. Y quizás uno de los momentos en los que más sola podría haberme sentido… pero no fue así. Yo estaba en ese banco de atrás sentada donde solía sentarme era un 3 de mayo en misa de 12 . ya sabia que mi padre en cualquier momento cerraría sus ojos para siempre, ese día en medio de la misa recibí la llamada de una de mis hermanas que me decía, quiero decirte que papa ha muerto… solo me pudo decir eso y yo no le dije nada, fue la llamada más corta que he tenido con mi familia. y me quede Señor que ha pasado. terminaba la misa y se acercaba siempre con una gran sonrisa Isabel a saludarme, a lo mejor ella ni lo recuerde pero yo jamás lo olvidare, no se sus palabras de consuelo que me habrá dicho, pero lo que no se me olvidara es que ese día me llevo a la capilla de los salones de caritas y oro por mi y estuvo conmigo gracias Isabel, porque gracias a ello no me sentí sola el Señor me la permitió en mi camino en ese momento, hasta ahora lo veo claro, ahí estuvo presente Dios.
Y con esto les digo a todos que nuestra iglesia vale la pena, porque Dios esta presente en ella, esta presente en nosotros que nos congregamos aquí y que creemos, se hace presente en cada uno de nosotros para ayudar a los medas de una manera que a lo mejor ni lo imaginamos.
El Señor siempre ha estado presente. Aunque yo no lo entendiera, aunque el dolor fuera tan grande que no me dejara ver nada más… Él estaba sosteniéndome. Él estaba cargándome, como un padre carga a su hijo cuando ya no puede más. Él lloraba conmigo, caminaba conmigo, me daba fuerzas cuando sentía que ya no podía seguir. Y así, en cada etapa de mi vida, incluso en las más oscuras, la mano de Dios siempre se ha hecho presente, a través de cada uno de vosotros quizás con un gesto pequeño…un saludo una sonrisa etc, pero para mí era todo. Era sentir que alguien me veía. Era sentir que no estaba sola. Era volver a respirar. Era volver a vivir.
En este encuentro, cuatro40. el Señor me mostró algo que ha cambiado completamente mi forma de verme a mí misma
Me hizo entender que, por encima de todo lo que soy, de mi historia, de mis heridas, de mis miedos… hay algo que nunca cambia: que yo Soy hija de Dios. Y eso es lo que realmente me define.
Este encuentro me ha hecho ver que no necesito encajar en ningún sitio, ni cambiar quién soy para ser aceptada. Porque en Dios ya tengo un lugar. En Él ya pertenezco. Y en la fe, a todos nos hace familia. Hoy puedo decir que la fe es vida. Es refugio. Es fuerza. Es lo que me ha sostenido cuando todo lo demás fallaba. La fe me ha dado una familia. Me ha regalado hermanos, Me ha enseñado que no importa el lugar del mundo donde este. nunca estaré sola.
Yo, Flavia, hija muy amada de Dios, puedo decir hoy con el corazón desbordante: el Señor siempre ha estado en mi vida. En mis alegrías, y en mis lágrimas. En mis logros, y en mis caídas. En mis certeza, y en mis dudas.
Y me siento profundamente agradecida. Agradecida por cada paso, por cada prueba, por cada persona que Dios ha puesto en mi camino. Porque ahora entiendo que todo ha tenido un propósito. Y sobre todo, entiendo que no camino sola… nunca lo he hecho. Comparto esto, porque a lo mejor alguien este pasando por lo mismo, que sepa que aquí en la parroquia hay una familia que le recibe con los brazos abiertos y sobre todo que la presencia de Dios es maravillosa..
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Testimonio de Ina (V cuatro40)
Yo no sé expresar muy bien las emociones de fe, pues mi abuela paterna fue la que me enseñó a conocer a Jesús y hablar con El cómo a un amigo, yo tenía ocho años
Siempre lo he sentido a mi lado, siempre he sentido su amor, como me cuida he pasado momentos difíciles y siempre lo he tenido a mi lado.
El fin de semana del cuatro40 ha sido un regalo pues ha sido un tiempo de estar con Él con relajación, paz y volver a sentir su amor Lo recomiendo a las personas q conozco y q se sienten solas o tienen dudas sobre su fe.
Testimonio de Laly (V cuatro40)
Mi camino de fe no empezó solo; comenzó a caminar el día que conocí al que hoy es mi marido. Él fue el primer puente hacia Dios, y hoy, que ambos estamos recorriendo juntos el camino de Proyecto Amor Conyugal, entiendo con total claridad que Dios me lo puso como una semilla. Él fue el instrumento del Señor para que yo empezara a vislumbrar lo que significa ser una hija amada; a través de nuestro amor, Dios fue preparando mi terreno.
Poco a poco he ido redescubriendo a Cristo en mi vida, aunque debo confesar que mi fe no ha sido una línea recta. He tenido momentos de oscuridad y dudas que a veces me han hecho tropezar o recaer. Sin embargo, en esos momentos difíciles, Dios no me dejó sola: puso en mi camino a compañeras que han sido luz. Gracias a María Jesús y a María, y después a Isabel Lledó, Isabel Olmos y Mari Tere, que me han guiado y sostenido cuando más lo necesitaba. Con su
testimonio y su cariño, ellas me han recordado lo profundamente amada que soy, incluso cuando yo misma no podía verlo.
Al llegar al encuentro cuatro40, esa semilla floreció de una manera nueva. Me esperaban con los brazos abiertos y una alegría que me desbordó. Me encontré con un ambiente lleno de paz, donde el servicio y el acompañamiento constante de todos en todo momento me hicieron sentir, por fin, en casa. No eran solo palabras; era el amor de Dios hecho servicio en cada detalle. Las reuniones semanales han sido el espacio para confirmar que no camino sola. Mi comunidad me ha sostenido y me ha enseñado que la misión de evangelizar empieza por dejarse amar.
Si tuviera que resumir todo lo que Dios ha grabado en mi alma en este encuentro en una sola palabra, esa es: CONFÍA.
Confía en el plan de Dios para mi matrimonio, confía en mi identidad como Su hija y confía en que, a pesar de mis dudas, Él siempre me espera con los brazos abiertos.
El cuatro40 me enseñó que mi valor no depende de lo que otros piensen o hagan, que puedo amar y servir desde la fe y desde la paz, y que ser semilla de Dios es vivir su amor cada día. Hoy camino con una fe más madura, más libre y más confiada, y mi corazón agradece por cada prueba, cada abrazo, y cada persona que han sido instrumento del amor de Dios en mi vida. Dios me enseñó que no estoy sola, que siempre estoy sostenida, y que mi historia es Su obra de
amor.
Testimonio de Antonia García León (V cuatro40)
Por fin pude vivir el encuentro “Cuatro40”, algo que llevaba mucho tiempo deseando. Y fue una doble alegría, porque no fui sola: mi marido, que al principio estaba más distante, decidió acompañarme. Para mí, eso fue un regalo del Señor.
Allí me sentí muy acogida, querida y cuidada. Me descubrí como una hija amada de Dios, incluso con mis debilidades. Entendí que Dios nunca me ha abandonado; era yo quien muchas veces me alejaba. Fueron días intensos. Lloré, pero también sentí una alegría muy profunda. Comprendí que no estamos solos, que el Señor siempre está cerca, buscándonos y amándonos.
Aprendí a abrir más mi corazón, a dejar los miedos y a quedarme con lo bueno. Descubrí la importancia del Espíritu Santo y de la Palabra de Dios para mi vida. También me marcó mucho el servicio y el amor con el que me cuidaron. Eso me enseñó a valorarme más y a aprender a recibir.
Hoy quiero seguir este camino: rezar más, escuchar al Señor y sentir su presencia. Quiero amar, perdonar y ayudar más a los demás. Yo siempre pedía que aumentara mi fe, y puedo decir que este encuentro la ha fortalecido y ha abierto mi corazón.
Testimonio de María Úbeda (V cuatro40)
Cuando me apunté al cuatro40 no lo tenía muy claro, pero tenía inquietud, la verdad, por saber de qué se trataba, me habían hablado que sería muy bueno para mi fe y mi crecimiento personal. La verdad que cuando llegó el día pensé no ir, dónde iba yo si no iba a cambiar nada a mi fe… pero algo me movía por dentro y fui con dudas y muchos nervios y a la vez mucha ilusión y esperanza.
Cuando entré allí con esa acogida con tanto cariño, me olvidé de las cosas de fuera y comencé a disfrutar. No sé ni cómo comenzar, pero deciros que la alegría se comparte. Se que alguien siempre va conmigo, que los problemas que tengo en mi vida son pequeños aunque sean muy importantes para mí. Descubrí que tengo un compañero de viaje llamado Jesús. Que nunca estoy sola, que tengo fe y se alimenta en la comunidad y compartiéndola con todos. Y con tus hermanos en la fe se hace grande comprender, perdonar, amar, y compartir.
Siento que no estoy sola, que teniendo a mi lado a Jesús y a los hermanos todo lo puedo, que soy hija amada por Dios. Me he reafirmado en mi fe, he hecho balance de mi vida, me he emocionado y he descubierto que mi vida es importante, pero con la fe sea pequeña o grande, porque no se medirla,
Gracias Dios, necesito valentía para crecer y abrir mis ojos y mi corazón porque sigo en pie y necesito fe para no pensar en lo que no tengo sino en dar gracias gracias por lo que sí tengo, necesito vaciar mi mochila de piedras y dejar entrar la arena de mi compañero de vida Jesús.
“Este es el mejor momento de salir y respirar”
Testimonio de Verónica (V cuatro40)
Me gustaría empezar por presentarme. Me llamo Verónica, hija de Fina la lechera, hermana de Encarna y no sigo presentando a mi super familia porque se va el folio. A pesar de eso era una más del montón ¿y qué es eso? Bueno, esa chica del montón es una persona invisible, insegura, miedosa, culpable y pecadora. Quien me conozca no podrá creer lo que estoy diciendo… sobre todo porque, según me dicen, no APARENTO eso.
Para ser sincera, antes de este encuentro la iglesia para mí era algo en contra de mis pensamientos racionales. Esto lo digo porque según fuentes de INTERNET y HABLADURÍAS, hay cosas en mi vida que, para SEGÚN QUIENES, no son lo “objetivamente estipulado”. Esto me llevaba a alejarme y decir “vale, yo llevo mi propia fe”.
Lo cierto es que en mis momentos oscuros me agarraba a una cruz y rezaba como si no hubiera un mañana. Me ponía Radío María y rezaba el Rosario, yo sola pero alejada de lo que es la parroquia y su vida con el pensamiento de…yo no encajo porque mi forma de amar es otra. Pero amigos, qué equivocada estaba…
Después de una de las danas más impactantes y destructoras que he tenido en mi vida aparece una persona, o mejor dicho, una luz que me hace cambiar todo: mi hermana Encarna. Un día llega y me dice… mira lo que te digo, te apunto al cuatro40. Te hace falta y lo necesitas. Mi respuesta fue “Vale, un fin de semana de descanso y relax que me hace falta sí, eso sí, yo catequista no quiero ser” Su respuesta “ni yo que lo seas” en tono sarcástico.
Una vez apuntada la gente (acordarse de que era invisible según yo) empieza a decirme “¡Madre mía! ¡Qué bien! ¡Me alegro muchísimo! ¡Qué emoción! ¿Tu? ¡Qué fuerte!,” y yo por supuesto flipando en colores porque algunas casi lloraban.
Llega el esperado día que comienza este torbellino, huracán y tormenta que fue mi encuentro con dios. Tenía claro que iba a abrirme en canal y dejarme llevar por todo lo que me viniera. Solo puedo decir que me llevé 5 paquetes de clinex y todavía tuve que usar el rollo de papel higiénico del baño, lo cual significó LIMPIEZA, PURIFICACIÓN Y ENCUENTRO.
Al terminar pensé que era el fin, pero de repente me encuentro en el vía crucis, en misa un día a la semana y los domingos, planeando un viaje de misionera a Bolivia, en el encuentro Tabor, leyendo la Biblia, rezando, viendo The Chosen y dentro de la vida de la parroquia ¿Y eso como ha sido? No puedo decir más que cuando descubres un lugar donde todo se mueve con amor, ves el cariño y la dedicación con que hacen absolutamente todo y donde solo sientes cosas buenas y muy bonitas lo único que te queda es abrirte en canal y empaparte de la gracia divina.
Al principio he dicho que ERA una del montón. Pues ahora digo que SOY una del montón, pero del montón de GENTE MARAVILLOSA QUE FORMA EL 4-40 y por supuesto del montón que forma la PARROQUIA DE TORRE PACHECO.
Y por último decir: Gracias Dios mío por salir a mi encuentro porque hoy mi fe no es un misterio, es una relación viva con el Espíritu Santo. Gracias por el retiro cuatro40 que me sacudió y por cada uno de esos seis jueves que me sostuvieron y me enseñaron a caminar a tu lado.
Con el corazón abierto y lleno de gratitud, Verónica, hija amada de dios
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Testimonio de Fátima (V cuatro40)
Durante un tiempo estuve atravesando momentos de mucha desesperanza. No encontraba sentido a muchas cosas que hacía, y diferentes situaciones en mi vida fueron generando en mí desánimo, miedo, inseguridades y mucha frustración.
A todo esto se sumaba la gran soledad que he sentido al dejar mi país hace ya 14 años. Ese dolor de estar lejos de mi tierra, de mi gente… fue poco a poco debilitando mi fe.
La invitación a vivir este encuentro Cuatro40 llevaba mucho tiempo rondando mi vida. Siempre encontraba una excusa… siempre pensaba que debía esperar “el mejor momento” para asistir. Pero no fue así. Finalmente llegué justo en mi peor momento… cuando todo lo veía oscuro y sin salida.
Sin embargo, en el fondo de mi corazón sentía que Dios, en medio del desierto que estaba viviendo, quería regalarme algo especial. Y hoy puedo decir con certeza que los planes de Dios son perfectos.
La vivencia de este retiro y de los seis encuentros posteriores significaron para mí una profunda sanación interior; fueron momentos de reencontrarme con Dios nuevamente a su manera, y pude experimentar su amor y sentirme verdaderamente como su hija amada.
Un tiempo de silencio interior, un tiempo para fortalecer mi vida de oración, donde he podido sentir que Él me sostiene y donde he sentido descanso en Él. He aprendido a aceptar con paz lo que Él dispone para mi vida, incluso en medio del dolor, pero ahora con libertad, con amor y con confianza.
También encontré una comunidad que, durante estos años en España, había estado buscando. Una comunidad hermosa, formada por personas que se preocupan por mí y me acompañan en este camino de fe. Son esos ‘farolitos’ que Dios ha puesto en mi vida para iluminar mis pasos. Aunque venimos de culturas diferentes, compartimos una misma fe y creemos en un mismo Dios. Y he comprendido algo muy importante: la fe no se vive en soledad… la fe se vive en comunidad.”
Hoy solo puedo decir: Gracias, Dios por este regalo tan hermoso que tenías guardado para mí.
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Testimonio de Flavia (V cuatro40)
Que ha supuesto para mi el encuentro. Cuatro Cuarenta. Que desde ya digo que no ha sido simplemente un retiro o un momento bonito, sino que ha sido un encuentro real con el Señor.
Para mí, este encuentro ha sido como un alto en mi camino. Como si el Señor me dijera: Detente un momento mira todo lo que has vivido, mira todo lo que hemos caminado juntos. Y en ese silencio, en ese parar, he podido ver con claridad quién soy, de dónde vengo y hasta dónde he llegado. He podido reconocer todas las maravillas que el Señor ha hecho en mi vida, incluso en aquellos momentos donde yo sólo veía dolor, confusión y soledad. Porque muchas veces creía que estaba luchando sola, que todo dependía de mis propias fuerza, pero no era así. Hoy puedo decir con certeza que nunca he estado sola.
Mi vida y como migrante no ha sido fácil. Salir de mi país, dejar atrás mi tierra, mi gente, mi familia y mis amigos, no es solo cambiar de lugar, es empezar de nuevo y de cero con el corazón lleno de incertidumbre. Creo que aprendí a vivir entre dos mundos, sin sentirme completamente de ninguno. Muchas veces me he sentido fuera de lugar. Como si no terminara de encajar aquí, Y eso duele… duele más de lo que se puede explicar. Porque es una lucha interna constante: querer ser aceptada, querer pertenecer, querer encontrar mi sitio.
Intenté cambiar muchas cosas de mí para encajar, para ser como los demás, para no sentirme diferente. Pero en ese intento, me fui perdiendo a mí misma. Hubo momentos en los que ya no sabía quién era. y dentro de mí solo había una pregunta: ¿entonces quién soy? Que ha sido de mi. A todo eso se sumaban mis propias inseguridades. Siempre pensé que era poca cosa, que no sería capaz de llegar lejos, que nunca sería como esas personas que parecen tenerlo todo: seguridad, éxito, facilidad para relacionarse. A mí siempre me ha costado acercarme a la gente, iniciar una conversación, crear amistades, y eso, en un país que no es el mío, pesa aún más.
Pero como si eso no bastará el Señor, me dio un momento que marcó profundamente mi vida, fue la pérdida de mi padre, estando lejos de él. Uno de los dolores más grandes que he vivido. Y quizás uno de los momentos en los que más sola podría haberme sentido… pero no fue así. Yo estaba en ese banco de atrás sentada donde solía sentarme era un 3 de mayo en misa de 12 . ya sabia que mi padre en cualquier momento cerraría sus ojos para siempre, ese día en medio de la misa recibí la llamada de una de mis hermanas que me decía, quiero decirte que papa ha muerto… solo me pudo decir eso y yo no le dije nada, fue la llamada más corta que he tenido con mi familia. y me quede Señor que ha pasado. terminaba la misa y se acercaba siempre con una gran sonrisa Isabel a saludarme, a lo mejor ella ni lo recuerde pero yo jamás lo olvidare, no se sus palabras de consuelo que me habrá dicho, pero lo que no se me olvidara es que ese día me llevo a la capilla de los salones de caritas y oro por mi y estuvo conmigo gracias Isabel, porque gracias a ello no me sentí sola el Señor me la permitió en mi camino en ese momento, hasta ahora lo veo claro, ahí estuvo presente Dios.
Y con esto les digo a todos que nuestra iglesia vale la pena, porque Dios esta presente en ella, esta presente en nosotros que nos congregamos aquí y que creemos, se hace presente en cada uno de nosotros para ayudar a los medas de una manera que a lo mejor ni lo imaginamos.
El Señor siempre ha estado presente. Aunque yo no lo entendiera, aunque el dolor fuera tan grande que no me dejara ver nada más… Él estaba sosteniéndome. Él estaba cargándome, como un padre carga a su hijo cuando ya no puede más. Él lloraba conmigo, caminaba conmigo, me daba fuerzas cuando sentía que ya no podía seguir. Y así, en cada etapa de mi vida, incluso en las más oscuras, la mano de Dios siempre se ha hecho presente, a través de cada uno de vosotros quizás con un gesto pequeño…un saludo una sonrisa etc, pero para mí era todo. Era sentir que alguien me veía. Era sentir que no estaba sola. Era volver a respirar. Era volver a vivir.
En este encuentro, cuatro40. el Señor me mostró algo que ha cambiado completamente mi forma de verme a mí misma
Me hizo entender que, por encima de todo lo que soy, de mi historia, de mis heridas, de mis miedos… hay algo que nunca cambia: que yo Soy hija de Dios. Y eso es lo que realmente me define.
Este encuentro me ha hecho ver que no necesito encajar en ningún sitio, ni cambiar quién soy para ser aceptada. Porque en Dios ya tengo un lugar. En Él ya pertenezco. Y en la fe, a todos nos hace familia. Hoy puedo decir que la fe es vida. Es refugio. Es fuerza. Es lo que me ha sostenido cuando todo lo demás fallaba. La fe me ha dado una familia. Me ha regalado hermanos, Me ha enseñado que no importa el lugar del mundo donde este. nunca estaré sola.
Yo, Flavia, hija muy amada de Dios, puedo decir hoy con el corazón desbordante: el Señor siempre ha estado en mi vida. En mis alegrías, y en mis lágrimas. En mis logros, y en mis caídas. En mis certeza, y en mis dudas.
Y me siento profundamente agradecida. Agradecida por cada paso, por cada prueba, por cada persona que Dios ha puesto en mi camino. Porque ahora entiendo que todo ha tenido un propósito. Y sobre todo, entiendo que no camino sola… nunca lo he hecho. Comparto esto, porque a lo mejor alguien este pasando por lo mismo, que sepa que aquí en la parroquia hay una familia que le recibe con los brazos abiertos y sobre todo que la presencia de Dios es maravillosa..
Testimonio de Ina (V cuatro40)
Yo no sé expresar muy bien las emociones de fe, pues mi abuela paterna fue la que me enseñó a conocer a Jesús y hablar con El cómo a un amigo, yo tenía ocho años
Siempre lo he sentido a mi lado, siempre he sentido su amor, como me cuida he pasado momentos difíciles y siempre lo he tenido a mi lado.
El fin de semana del cuatro40 ha sido un regalo pues ha sido un tiempo de estar con Él con relajación, paz y volver a sentir su amor Lo recomiendo a las personas q conozco y q se sienten solas o tienen dudas sobre su fe.
Testimonio de Laly (V cuatro40)
Mi camino de fe no empezó solo; comenzó a caminar el día que conocí al que hoy es mi marido. Él fue el primer puente hacia Dios, y hoy, que ambos estamos recorriendo juntos el camino de Proyecto Amor Conyugal, entiendo con total claridad que Dios me lo puso como una semilla. Él fue el instrumento del Señor para que yo empezara a vislumbrar lo que significa ser una hija amada; a través de nuestro amor, Dios fue preparando mi terreno.
Poco a poco he ido redescubriendo a Cristo en mi vida, aunque debo confesar que mi fe no ha sido una línea recta. He tenido momentos de oscuridad y dudas que a veces me han hecho tropezar o recaer. Sin embargo, en esos momentos difíciles, Dios no me dejó sola: puso en mi camino a compañeras que han sido luz. Gracias a María Jesús y a María, y después a Isabel Lledó, Isabel Olmos y Mari Tere, que me han guiado y sostenido cuando más lo necesitaba. Con su
testimonio y su cariño, ellas me han recordado lo profundamente amada que soy, incluso cuando yo misma no podía verlo.
Al llegar al encuentro cuatro40, esa semilla floreció de una manera nueva. Me esperaban con los brazos abiertos y una alegría que me desbordó. Me encontré con un ambiente lleno de paz, donde el servicio y el acompañamiento constante de todos en todo momento me hicieron sentir, por fin, en casa. No eran solo palabras; era el amor de Dios hecho servicio en cada detalle. Las reuniones semanales han sido el espacio para confirmar que no camino sola. Mi comunidad me ha sostenido y me ha enseñado que la misión de evangelizar empieza por dejarse amar.
Si tuviera que resumir todo lo que Dios ha grabado en mi alma en este encuentro en una sola palabra, esa es: CONFÍA.
Confía en el plan de Dios para mi matrimonio, confía en mi identidad como Su hija y confía en que, a pesar de mis dudas, Él siempre me espera con los brazos abiertos.
El cuatro40 me enseñó que mi valor no depende de lo que otros piensen o hagan, que puedo amar y servir desde la fe y desde la paz, y que ser semilla de Dios es vivir su amor cada día. Hoy camino con una fe más madura, más libre y más confiada, y mi corazón agradece por cada prueba, cada abrazo, y cada persona que han sido instrumento del amor de Dios en mi vida. Dios me enseñó que no estoy sola, que siempre estoy sostenida, y que mi historia es Su obra de
amor.
Testimonio de Antonia García León (V cuatro40)
Por fin pude vivir el encuentro “Cuatro40”, algo que llevaba mucho tiempo deseando. Y fue una doble alegría, porque no fui sola: mi marido, que al principio estaba más distante, decidió acompañarme. Para mí, eso fue un regalo del Señor.
Allí me sentí muy acogida, querida y cuidada. Me descubrí como una hija amada de Dios, incluso con mis debilidades. Entendí que Dios nunca me ha abandonado; era yo quien muchas veces me alejaba. Fueron días intensos. Lloré, pero también sentí una alegría muy profunda. Comprendí que no estamos solos, que el Señor siempre está cerca, buscándonos y amándonos.
Aprendí a abrir más mi corazón, a dejar los miedos y a quedarme con lo bueno. Descubrí la importancia del Espíritu Santo y de la Palabra de Dios para mi vida. También me marcó mucho el servicio y el amor con el que me cuidaron. Eso me enseñó a valorarme más y a aprender a recibir.
Hoy quiero seguir este camino: rezar más, escuchar al Señor y sentir su presencia. Quiero amar, perdonar y ayudar más a los demás. Yo siempre pedía que aumentara mi fe, y puedo decir que este encuentro la ha fortalecido y ha abierto mi corazón.
Testimonio de María Úbeda (V cuatro40)
Cuando me apunté al cuatro40 no lo tenía muy claro, pero tenía inquietud, la verdad, por saber de qué se trataba, me habían hablado que sería muy bueno para mi fe y mi crecimiento personal. La verdad que cuando llegó el día pensé no ir, dónde iba yo si no iba a cambiar nada a mi fe… pero algo me movía por dentro y fui con dudas y muchos nervios y a la vez mucha ilusión y esperanza.
Cuando entré allí con esa acogida con tanto cariño, me olvidé de las cosas de fuera y comencé a disfrutar. No sé ni cómo comenzar, pero deciros que la alegría se comparte. Se que alguien siempre va conmigo, que los problemas que tengo en mi vida son pequeños aunque sean muy importantes para mí. Descubrí que tengo un compañero de viaje llamado Jesús. Que nunca estoy sola, que tengo fe y se alimenta en la comunidad y compartiéndola con todos. Y con tus hermanos en la fe se hace grande comprender, perdonar, amar, y compartir.
Siento que no estoy sola, que teniendo a mi lado a Jesús y a los hermanos todo lo puedo, que soy hija amada por Dios. Me he reafirmado en mi fe, he hecho balance de mi vida, me he emocionado y he descubierto que mi vida es importante, pero con la fe sea pequeña o grande, porque no se medirla,
Gracias Dios, necesito valentía para crecer y abrir mis ojos y mi corazón porque sigo en pie y necesito fe para no pensar en lo que no tengo sino en dar gracias gracias por lo que sí tengo, necesito vaciar mi mochila de piedras y dejar entrar la arena de mi compañero de vida Jesús.
“Este es el mejor momento de salir y respirar”
Testimonio de Verónica (V cuatro40)
Me gustaría empezar por presentarme. Me llamo Verónica, hija de Fina la lechera, hermana de Encarna y no sigo presentando a mi super familia porque se va el folio. A pesar de eso era una más del montón ¿y qué es eso? Bueno, esa chica del montón es una persona invisible, insegura, miedosa, culpable y pecadora. Quien me conozca no podrá creer lo que estoy diciendo… sobre todo porque, según me dicen, no APARENTO eso.
Para ser sincera, antes de este encuentro la iglesia para mí era algo en contra de mis pensamientos racionales. Esto lo digo porque según fuentes de INTERNET y HABLADURÍAS, hay cosas en mi vida que, para SEGÚN QUIENES, no son lo “objetivamente estipulado”. Esto me llevaba a alejarme y decir “vale, yo llevo mi propia fe”.
Lo cierto es que en mis momentos oscuros me agarraba a una cruz y rezaba como si no hubiera un mañana. Me ponía Radío María y rezaba el Rosario, yo sola pero alejada de lo que es la parroquia y su vida con el pensamiento de…yo no encajo porque mi forma de amar es otra. Pero amigos, qué equivocada estaba…
Después de una de las danas más impactantes y destructoras que he tenido en mi vida aparece una persona, o mejor dicho, una luz que me hace cambiar todo: mi hermana Encarna. Un día llega y me dice… mira lo que te digo, te apunto al cuatro40. Te hace falta y lo necesitas. Mi respuesta fue “Vale, un fin de semana de descanso y relax que me hace falta sí, eso sí, yo catequista no quiero ser” Su respuesta “ni yo que lo seas” en tono sarcástico.
Una vez apuntada la gente (acordarse de que era invisible según yo) empieza a decirme “¡Madre mía! ¡Qué bien! ¡Me alegro muchísimo! ¡Qué emoción! ¿Tu? ¡Qué fuerte!,” y yo por supuesto flipando en colores porque algunas casi lloraban.
Llega el esperado día que comienza este torbellino, huracán y tormenta que fue mi encuentro con dios. Tenía claro que iba a abrirme en canal y dejarme llevar por todo lo que me viniera. Solo puedo decir que me llevé 5 paquetes de clinex y todavía tuve que usar el rollo de papel higiénico del baño, lo cual significó LIMPIEZA, PURIFICACIÓN Y ENCUENTRO.
Al terminar pensé que era el fin, pero de repente me encuentro en el vía crucis, en misa un día a la semana y los domingos, planeando un viaje de misionera a Bolivia, en el encuentro Tabor, leyendo la Biblia, rezando, viendo The Chosen y dentro de la vida de la parroquia ¿Y eso como ha sido? No puedo decir más que cuando descubres un lugar donde todo se mueve con amor, ves el cariño y la dedicación con que hacen absolutamente todo y donde solo sientes cosas buenas y muy bonitas lo único que te queda es abrirte en canal y empaparte de la gracia divina.
Al principio he dicho que ERA una del montón. Pues ahora digo que SOY una del montón, pero del montón de GENTE MARAVILLOSA QUE FORMA EL 4-40 y por supuesto del montón que forma la PARROQUIA DE TORRE PACHECO.
Y por último decir: Gracias Dios mío por salir a mi encuentro porque hoy mi fe no es un misterio, es una relación viva con el Espíritu Santo. Gracias por el retiro cuatro40 que me sacudió y por cada uno de esos seis jueves que me sostuvieron y me enseñaron a caminar a tu lado.
Con el corazón abierto y lleno de gratitud, Verónica, hija amada de dios
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Testimonio de Elvira (V cuatro40)
Vi por whasap lo del retiro cuatro40. Estuve viendo testimonios de personas que lo habían hecho. Me llamó mucho la atención ver cómo se sentían. Llame a Cari y le pregunté. Le dije que yo no era de rezar, que no sabía. Me animó mucho y me apunté.
Fue un fin de semana muy intenso. Me animé a ir porque estaba pasando un mal momento, que no soportaba, estaba perdida. Recordaba el relato del endemoniado y que Jesús se acercó y cambió su vida. Pensé… voy a abrir mi puerta a Jesús y pedirle que me ayudara a enriquecer mi fe, a entender porque me encontraba así de triste, perdida, sola, cansada de esa situación.
Bueno… pues a día de hoy, se me fue la tristeza, me siento querida por un equipo de compañeras, los párrocos, las coordinadoras. Siento que tengo una nueva familia en la parroquia, me han alimentado y tengo mucha hambre de fe, de escuchar a nuestros padres, me siento muy afortunada de este grandísimo cambio, este giro que ha dado mi vida. Lo digo como lo siento.
Doy gracias a todo el equipo por todo su trabajo y todo su esfuerzo, por su tiempo para hacer que personas como yo, perdidas, cambien la vida. Gracias a los párrocos: Manolo, Abraham.
Y pido a Dios que me ilumine en este camino, me de mucha luz y que no me pierda y si así ocurriera me ayude a volver a encontrarlo. Quiero seguir escuchando y aprendiendo, disfrutando y que el Espíritu Santo esté siempre conmigo, con mi familia, con mis amigos y ojalá mi historia pueda ayudar a personas con dificultades, que se dejen hacer y abran su corazón a Dios para que pueda entrar y ayudarles. Gracias.
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Testimonio de Fátima (V cuatro40)
Durante un tiempo estuve atravesando momentos de mucha desesperanza. No encontraba sentido a muchas cosas que hacía, y diferentes situaciones en mi vida fueron generando en mí desánimo, miedo, inseguridades y mucha frustración.
A todo esto se sumaba la gran soledad que he sentido al dejar mi país hace ya 14 años. Ese dolor de estar lejos de mi tierra, de mi gente… fue poco a poco debilitando mi fe.
La invitación a vivir este encuentro Cuatro40 llevaba mucho tiempo rondando mi vida. Siempre encontraba una excusa… siempre pensaba que debía esperar “el mejor momento” para asistir. Pero no fue así. Finalmente llegué justo en mi peor momento… cuando todo lo veía oscuro y sin salida.
Sin embargo, en el fondo de mi corazón sentía que Dios, en medio del desierto que estaba viviendo, quería regalarme algo especial. Y hoy puedo decir con certeza que los planes de Dios son perfectos.
La vivencia de este retiro y de los seis encuentros posteriores significaron para mí una profunda sanación interior; fueron momentos de reencontrarme con Dios nuevamente a su manera, y pude experimentar su amor y sentirme verdaderamente como su hija amada.
Un tiempo de silencio interior, un tiempo para fortalecer mi vida de oración, donde he podido sentir que Él me sostiene y donde he sentido descanso en Él. He aprendido a aceptar con paz lo que Él dispone para mi vida, incluso en medio del dolor, pero ahora con libertad, con amor y con confianza.
También encontré una comunidad que, durante estos años en España, había estado buscando. Una comunidad hermosa, formada por personas que se preocupan por mí y me acompañan en este camino de fe. Son esos ‘farolitos’ que Dios ha puesto en mi vida para iluminar mis pasos. Aunque venimos de culturas diferentes, compartimos una misma fe y creemos en un mismo Dios. Y he comprendido algo muy importante: la fe no se vive en soledad… la fe se vive en comunidad.”
Hoy solo puedo decir: Gracias, Dios por este regalo tan hermoso que tenías guardado para mí.
Testimonio de Flavia (V cuatro40)
Que ha supuesto para mi el encuentro. Cuatro Cuarenta. Que desde ya digo que no ha sido simplemente un retiro o un momento bonito, sino que ha sido un encuentro real con el Señor.
Para mí, este encuentro ha sido como un alto en mi camino. Como si el Señor me dijera: Detente un momento mira todo lo que has vivido, mira todo lo que hemos caminado juntos. Y en ese silencio, en ese parar, he podido ver con claridad quién soy, de dónde vengo y hasta dónde he llegado. He podido reconocer todas las maravillas que el Señor ha hecho en mi vida, incluso en aquellos momentos donde yo sólo veía dolor, confusión y soledad. Porque muchas veces creía que estaba luchando sola, que todo dependía de mis propias fuerza, pero no era así. Hoy puedo decir con certeza que nunca he estado sola.
Mi vida y como migrante no ha sido fácil. Salir de mi país, dejar atrás mi tierra, mi gente, mi familia y mis amigos, no es solo cambiar de lugar, es empezar de nuevo y de cero con el corazón lleno de incertidumbre. Creo que aprendí a vivir entre dos mundos, sin sentirme completamente de ninguno. Muchas veces me he sentido fuera de lugar. Como si no terminara de encajar aquí, Y eso duele… duele más de lo que se puede explicar. Porque es una lucha interna constante: querer ser aceptada, querer pertenecer, querer encontrar mi sitio.
Intenté cambiar muchas cosas de mí para encajar, para ser como los demás, para no sentirme diferente. Pero en ese intento, me fui perdiendo a mí misma. Hubo momentos en los que ya no sabía quién era. y dentro de mí solo había una pregunta: ¿entonces quién soy? Que ha sido de mi. A todo eso se sumaban mis propias inseguridades. Siempre pensé que era poca cosa, que no sería capaz de llegar lejos, que nunca sería como esas personas que parecen tenerlo todo: seguridad, éxito, facilidad para relacionarse. A mí siempre me ha costado acercarme a la gente, iniciar una conversación, crear amistades, y eso, en un país que no es el mío, pesa aún más.
Pero como si eso no bastará el Señor, me dio un momento que marcó profundamente mi vida, fue la pérdida de mi padre, estando lejos de él. Uno de los dolores más grandes que he vivido. Y quizás uno de los momentos en los que más sola podría haberme sentido… pero no fue así. Yo estaba en ese banco de atrás sentada donde solía sentarme era un 3 de mayo en misa de 12 . ya sabia que mi padre en cualquier momento cerraría sus ojos para siempre, ese día en medio de la misa recibí la llamada de una de mis hermanas que me decía, quiero decirte que papa ha muerto… solo me pudo decir eso y yo no le dije nada, fue la llamada más corta que he tenido con mi familia. y me quede Señor que ha pasado. terminaba la misa y se acercaba siempre con una gran sonrisa Isabel a saludarme, a lo mejor ella ni lo recuerde pero yo jamás lo olvidare, no se sus palabras de consuelo que me habrá dicho, pero lo que no se me olvidara es que ese día me llevo a la capilla de los salones de caritas y oro por mi y estuvo conmigo gracias Isabel, porque gracias a ello no me sentí sola el Señor me la permitió en mi camino en ese momento, hasta ahora lo veo claro, ahí estuvo presente Dios.
Y con esto les digo a todos que nuestra iglesia vale la pena, porque Dios esta presente en ella, esta presente en nosotros que nos congregamos aquí y que creemos, se hace presente en cada uno de nosotros para ayudar a los medas de una manera que a lo mejor ni lo imaginamos.
El Señor siempre ha estado presente. Aunque yo no lo entendiera, aunque el dolor fuera tan grande que no me dejara ver nada más… Él estaba sosteniéndome. Él estaba cargándome, como un padre carga a su hijo cuando ya no puede más. Él lloraba conmigo, caminaba conmigo, me daba fuerzas cuando sentía que ya no podía seguir. Y así, en cada etapa de mi vida, incluso en las más oscuras, la mano de Dios siempre se ha hecho presente, a través de cada uno de vosotros quizás con un gesto pequeño…un saludo una sonrisa etc, pero para mí era todo. Era sentir que alguien me veía. Era sentir que no estaba sola. Era volver a respirar. Era volver a vivir.
En este encuentro, cuatro40. el Señor me mostró algo que ha cambiado completamente mi forma de verme a mí misma
Me hizo entender que, por encima de todo lo que soy, de mi historia, de mis heridas, de mis miedos… hay algo que nunca cambia: que yo Soy hija de Dios. Y eso es lo que realmente me define.
Este encuentro me ha hecho ver que no necesito encajar en ningún sitio, ni cambiar quién soy para ser aceptada. Porque en Dios ya tengo un lugar. En Él ya pertenezco. Y en la fe, a todos nos hace familia. Hoy puedo decir que la fe es vida. Es refugio. Es fuerza. Es lo que me ha sostenido cuando todo lo demás fallaba. La fe me ha dado una familia. Me ha regalado hermanos, Me ha enseñado que no importa el lugar del mundo donde este. nunca estaré sola.
Yo, Flavia, hija muy amada de Dios, puedo decir hoy con el corazón desbordante: el Señor siempre ha estado en mi vida. En mis alegrías, y en mis lágrimas. En mis logros, y en mis caídas. En mis certeza, y en mis dudas.
Y me siento profundamente agradecida. Agradecida por cada paso, por cada prueba, por cada persona que Dios ha puesto en mi camino. Porque ahora entiendo que todo ha tenido un propósito. Y sobre todo, entiendo que no camino sola… nunca lo he hecho. Comparto esto, porque a lo mejor alguien este pasando por lo mismo, que sepa que aquí en la parroquia hay una familia que le recibe con los brazos abiertos y sobre todo que la presencia de Dios es maravillosa..
Testimonio de Ina (V cuatro40)
Yo no sé expresar muy bien las emociones de fe, pues mi abuela paterna fue la que me enseñó a conocer a Jesús y hablar con El cómo a un amigo, yo tenía ocho años
Siempre lo he sentido a mi lado, siempre he sentido su amor, como me cuida he pasado momentos difíciles y siempre lo he tenido a mi lado.
El fin de semana del cuatro40 ha sido un regalo pues ha sido un tiempo de estar con Él con relajación, paz y volver a sentir su amor Lo recomiendo a las personas q conozco y q se sienten solas o tienen dudas sobre su fe.
Testimonio de Laly (V cuatro40)
Mi camino de fe no empezó solo; comenzó a caminar el día que conocí al que hoy es mi marido. Él fue el primer puente hacia Dios, y hoy, que ambos estamos recorriendo juntos el camino de Proyecto Amor Conyugal, entiendo con total claridad que Dios me lo puso como una semilla. Él fue el instrumento del Señor para que yo empezara a vislumbrar lo que significa ser una hija amada; a través de nuestro amor, Dios fue preparando mi terreno.
Poco a poco he ido redescubriendo a Cristo en mi vida, aunque debo confesar que mi fe no ha sido una línea recta. He tenido momentos de oscuridad y dudas que a veces me han hecho tropezar o recaer. Sin embargo, en esos momentos difíciles, Dios no me dejó sola: puso en mi camino a compañeras que han sido luz. Gracias a María Jesús y a María, y después a Isabel Lledó, Isabel Olmos y Mari Tere, que me han guiado y sostenido cuando más lo necesitaba. Con su
testimonio y su cariño, ellas me han recordado lo profundamente amada que soy, incluso cuando yo misma no podía verlo.
Al llegar al encuentro cuatro40, esa semilla floreció de una manera nueva. Me esperaban con los brazos abiertos y una alegría que me desbordó. Me encontré con un ambiente lleno de paz, donde el servicio y el acompañamiento constante de todos en todo momento me hicieron sentir, por fin, en casa. No eran solo palabras; era el amor de Dios hecho servicio en cada detalle. Las reuniones semanales han sido el espacio para confirmar que no camino sola. Mi comunidad me ha sostenido y me ha enseñado que la misión de evangelizar empieza por dejarse amar.
Si tuviera que resumir todo lo que Dios ha grabado en mi alma en este encuentro en una sola palabra, esa es: CONFÍA.
Confía en el plan de Dios para mi matrimonio, confía en mi identidad como Su hija y confía en que, a pesar de mis dudas, Él siempre me espera con los brazos abiertos.
El cuatro40 me enseñó que mi valor no depende de lo que otros piensen o hagan, que puedo amar y servir desde la fe y desde la paz, y que ser semilla de Dios es vivir su amor cada día. Hoy camino con una fe más madura, más libre y más confiada, y mi corazón agradece por cada prueba, cada abrazo, y cada persona que han sido instrumento del amor de Dios en mi vida. Dios me enseñó que no estoy sola, que siempre estoy sostenida, y que mi historia es Su obra de
amor.
Testimonio de Antonia García León (V cuatro40)
Por fin pude vivir el encuentro “Cuatro40”, algo que llevaba mucho tiempo deseando. Y fue una doble alegría, porque no fui sola: mi marido, que al principio estaba más distante, decidió acompañarme. Para mí, eso fue un regalo del Señor.
Allí me sentí muy acogida, querida y cuidada. Me descubrí como una hija amada de Dios, incluso con mis debilidades. Entendí que Dios nunca me ha abandonado; era yo quien muchas veces me alejaba. Fueron días intensos. Lloré, pero también sentí una alegría muy profunda. Comprendí que no estamos solos, que el Señor siempre está cerca, buscándonos y amándonos.
Aprendí a abrir más mi corazón, a dejar los miedos y a quedarme con lo bueno. Descubrí la importancia del Espíritu Santo y de la Palabra de Dios para mi vida. También me marcó mucho el servicio y el amor con el que me cuidaron. Eso me enseñó a valorarme más y a aprender a recibir.
Hoy quiero seguir este camino: rezar más, escuchar al Señor y sentir su presencia. Quiero amar, perdonar y ayudar más a los demás. Yo siempre pedía que aumentara mi fe, y puedo decir que este encuentro la ha fortalecido y ha abierto mi corazón.
Testimonio de María Úbeda (V cuatro40)
Cuando me apunté al cuatro40 no lo tenía muy claro, pero tenía inquietud, la verdad, por saber de qué se trataba, me habían hablado que sería muy bueno para mi fe y mi crecimiento personal. La verdad que cuando llegó el día pensé no ir, dónde iba yo si no iba a cambiar nada a mi fe… pero algo me movía por dentro y fui con dudas y muchos nervios y a la vez mucha ilusión y esperanza.
Cuando entré allí con esa acogida con tanto cariño, me olvidé de las cosas de fuera y comencé a disfrutar. No sé ni cómo comenzar, pero deciros que la alegría se comparte. Se que alguien siempre va conmigo, que los problemas que tengo en mi vida son pequeños aunque sean muy importantes para mí. Descubrí que tengo un compañero de viaje llamado Jesús. Que nunca estoy sola, que tengo fe y se alimenta en la comunidad y compartiéndola con todos. Y con tus hermanos en la fe se hace grande comprender, perdonar, amar, y compartir.
Siento que no estoy sola, que teniendo a mi lado a Jesús y a los hermanos todo lo puedo, que soy hija amada por Dios. Me he reafirmado en mi fe, he hecho balance de mi vida, me he emocionado y he descubierto que mi vida es importante, pero con la fe sea pequeña o grande, porque no se medirla,
Gracias Dios, necesito valentía para crecer y abrir mis ojos y mi corazón porque sigo en pie y necesito fe para no pensar en lo que no tengo sino en dar gracias gracias por lo que sí tengo, necesito vaciar mi mochila de piedras y dejar entrar la arena de mi compañero de vida Jesús.
“Este es el mejor momento de salir y respirar”
Testimonio de Verónica (V cuatro40)
Me gustaría empezar por presentarme. Me llamo Verónica, hija de Fina la lechera, hermana de Encarna y no sigo presentando a mi super familia porque se va el folio. A pesar de eso era una más del montón ¿y qué es eso? Bueno, esa chica del montón es una persona invisible, insegura, miedosa, culpable y pecadora. Quien me conozca no podrá creer lo que estoy diciendo… sobre todo porque, según me dicen, no APARENTO eso.
Para ser sincera, antes de este encuentro la iglesia para mí era algo en contra de mis pensamientos racionales. Esto lo digo porque según fuentes de INTERNET y HABLADURÍAS, hay cosas en mi vida que, para SEGÚN QUIENES, no son lo “objetivamente estipulado”. Esto me llevaba a alejarme y decir “vale, yo llevo mi propia fe”.
Lo cierto es que en mis momentos oscuros me agarraba a una cruz y rezaba como si no hubiera un mañana. Me ponía Radío María y rezaba el Rosario, yo sola pero alejada de lo que es la parroquia y su vida con el pensamiento de…yo no encajo porque mi forma de amar es otra. Pero amigos, qué equivocada estaba…
Después de una de las danas más impactantes y destructoras que he tenido en mi vida aparece una persona, o mejor dicho, una luz que me hace cambiar todo: mi hermana Encarna. Un día llega y me dice… mira lo que te digo, te apunto al cuatro40. Te hace falta y lo necesitas. Mi respuesta fue “Vale, un fin de semana de descanso y relax que me hace falta sí, eso sí, yo catequista no quiero ser” Su respuesta “ni yo que lo seas” en tono sarcástico.
Una vez apuntada la gente (acordarse de que era invisible según yo) empieza a decirme “¡Madre mía! ¡Qué bien! ¡Me alegro muchísimo! ¡Qué emoción! ¿Tu? ¡Qué fuerte!,” y yo por supuesto flipando en colores porque algunas casi lloraban.
Llega el esperado día que comienza este torbellino, huracán y tormenta que fue mi encuentro con dios. Tenía claro que iba a abrirme en canal y dejarme llevar por todo lo que me viniera. Solo puedo decir que me llevé 5 paquetes de clinex y todavía tuve que usar el rollo de papel higiénico del baño, lo cual significó LIMPIEZA, PURIFICACIÓN Y ENCUENTRO.
Al terminar pensé que era el fin, pero de repente me encuentro en el vía crucis, en misa un día a la semana y los domingos, planeando un viaje de misionera a Bolivia, en el encuentro Tabor, leyendo la Biblia, rezando, viendo The Chosen y dentro de la vida de la parroquia ¿Y eso como ha sido? No puedo decir más que cuando descubres un lugar donde todo se mueve con amor, ves el cariño y la dedicación con que hacen absolutamente todo y donde solo sientes cosas buenas y muy bonitas lo único que te queda es abrirte en canal y empaparte de la gracia divina.
Al principio he dicho que ERA una del montón. Pues ahora digo que SOY una del montón, pero del montón de GENTE MARAVILLOSA QUE FORMA EL 4-40 y por supuesto del montón que forma la PARROQUIA DE TORRE PACHECO.
Y por último decir: Gracias Dios mío por salir a mi encuentro porque hoy mi fe no es un misterio, es una relación viva con el Espíritu Santo. Gracias por el retiro cuatro40 que me sacudió y por cada uno de esos seis jueves que me sostuvieron y me enseñaron a caminar a tu lado.
Con el corazón abierto y lleno de gratitud, Verónica, hija amada de dios
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Testimonio de Ana Galindo (V cuatro40)
Érase una vez una mujer que añoraba su grupo de vida, que deseaba volver a formar parte de una comunidad, de vivir su fe junto con otras personas. Una mujer que un día decidió ir al despacho parroquial a preguntar como participar en la comunidad, cómo formar parte de un grupo dónde compartir sus dudas y sus miedos, sus alegrías y sus inquietudes. Esa mujer era yo.
Aquella tarde Manolo me habló del cuatro40, yo dije SI, sin saber nada, sin pensarlo dos veces. Imaginé que era una reunión sin más, desconocía que había que hacer noche que eran tres días y cuando me percaté de aquello pensé he dicho SI con mucha rapidez porque yo no conozco a nadie “voy a estar un poco colgada” todo el fin de semana. Aún así hice la inscripción.
Sin muchas expectativas, llegó la tarde del viernes, como no podía ser de otra forma no encontraba el sitio y llegaba tarde, mi sentido de la orientación me volvía a fallar, pero tras preguntar a varias personas encontré el lugar. Llegué enfadada por haberme perdido, pero cuando abrí la puerta y me recibieron con una sonrisa, con alegría y entusiasmo y se ofrecieron a llevarme la maleta me hicieron sentir una más del grupo, me hicieron sentir parte de..
El fin de semana fue transcurriendo entre risas y lágrimas, entre miedos e incertidumbres, entre plenitud y alegría. Iba sintiendo que el ESPIRITU SANTO estaba en cada rincón de la casa, en cada persona con la que hablaba en cada momento de silencio, en cada canción. DIOS estaba presente en las miradas, en los gestos, en las personas, en la comida, en el dar sin esperar, en el servir a los otros y en el dejar que te sirvan.
Felicidad, tristeza, plenitud o vacío sentimientos encontrados que vas sintiendo y viviendo durante el fin de semana. No se puede explicar porque hay que vivirlo y cada uno lo vive diferente porque cada persona lo siente desde su experiencia, desde su necesidad y desde su momento de vida. ES UNA EXPERIENCIA ÚNICA que se vive desde la fe.
Después del cuatro40 algo ha cambiado en mí, sentí que tengo que vivir la fe desde todas las facetas de la vida, en el trabajo, en el super, en la familia, en el vecindario, en el paseo con mi perro, en mis ensayos de teatro, porque ser Cristiana no es algo que solo se viva en la iglesia o en la oración y en tu encuentro con Dios, es algo que se vive en COMUNIDAD, que se comparte que se GRITA que se NOTA, esa alegría ese AMOR DE DIOS hay que compartirlo hay que VIVIRLO y hay que DEMOSTRARLO en cada momento de tu vida.
Una vez mi hijo me dijo, REZA, Reza mucho en los momentos malos y en los buenos Dios siempre te escucha y te ayuda, cuenta tus bendiciones una a una y mira lo que DIOS te ha regalado y compártelo, no te lo quedes, ofrécelo a todos los que te rodean., DIOS lo tiene todo planeado no tengas miedo.
Creo que no hay que tener miedo a los planes de Dios aunque a veces no los podamos entender hay que dejarse llevar y fluir. El cuatro40 ha sido un regalo de DIOS que tengo que compartir con los demás, GRITAR muy alto y contarle al mundo que somos HIJOS DE DIOS que la GRACIA DE DIOS ESTÁ CON NOSOTROS y que CRISTO HA RESUCITADO PARA SALVARNOS Y DARNOS VIDA ETERNA.
Un abrazo en CRISTO.
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Testimonio de Elvira (V cuatro40)
Vi por whasap lo del retiro cuatro40. Estuve viendo testimonios de personas que lo habían hecho. Me llamó mucho la atención ver cómo se sentían. Llame a Cari y le pregunté. Le dije que yo no era de rezar, que no sabía. Me animó mucho y me apunté.
Fue un fin de semana muy intenso. Me animé a ir porque estaba pasando un mal momento, que no soportaba, estaba perdida. Recordaba el relato del endemoniado y que Jesús se acercó y cambió su vida. Pensé… voy a abrir mi puerta a Jesús y pedirle que me ayudara a enriquecer mi fe, a entender porque me encontraba así de triste, perdida, sola, cansada de esa situación.
Bueno… pues a día de hoy, se me fue la tristeza, me siento querida por un equipo de compañeras, los párrocos, las coordinadoras. Siento que tengo una nueva familia en la parroquia, me han alimentado y tengo mucha hambre de fe, de escuchar a nuestros padres, me siento muy afortunada de este grandísimo cambio, este giro que ha dado mi vida. Lo digo como lo siento.
Doy gracias a todo el equipo por todo su trabajo y todo su esfuerzo, por su tiempo para hacer que personas como yo, perdidas, cambien la vida. Gracias a los párrocos: Manolo, Abraham.
Y pido a Dios que me ilumine en este camino, me de mucha luz y que no me pierda y si así ocurriera me ayude a volver a encontrarlo. Quiero seguir escuchando y aprendiendo, disfrutando y que el Espíritu Santo esté siempre conmigo, con mi familia, con mis amigos y ojalá mi historia pueda ayudar a personas con dificultades, que se dejen hacer y abran su corazón a Dios para que pueda entrar y ayudarles. Gracias.
Testimonio de Fátima (V cuatro40)
Durante un tiempo estuve atravesando momentos de mucha desesperanza. No encontraba sentido a muchas cosas que hacía, y diferentes situaciones en mi vida fueron generando en mí desánimo, miedo, inseguridades y mucha frustración.
A todo esto se sumaba la gran soledad que he sentido al dejar mi país hace ya 14 años. Ese dolor de estar lejos de mi tierra, de mi gente… fue poco a poco debilitando mi fe.
La invitación a vivir este encuentro Cuatro40 llevaba mucho tiempo rondando mi vida. Siempre encontraba una excusa… siempre pensaba que debía esperar “el mejor momento” para asistir. Pero no fue así. Finalmente llegué justo en mi peor momento… cuando todo lo veía oscuro y sin salida.
Sin embargo, en el fondo de mi corazón sentía que Dios, en medio del desierto que estaba viviendo, quería regalarme algo especial. Y hoy puedo decir con certeza que los planes de Dios son perfectos.
La vivencia de este retiro y de los seis encuentros posteriores significaron para mí una profunda sanación interior; fueron momentos de reencontrarme con Dios nuevamente a su manera, y pude experimentar su amor y sentirme verdaderamente como su hija amada.
Un tiempo de silencio interior, un tiempo para fortalecer mi vida de oración, donde he podido sentir que Él me sostiene y donde he sentido descanso en Él. He aprendido a aceptar con paz lo que Él dispone para mi vida, incluso en medio del dolor, pero ahora con libertad, con amor y con confianza.
También encontré una comunidad que, durante estos años en España, había estado buscando. Una comunidad hermosa, formada por personas que se preocupan por mí y me acompañan en este camino de fe. Son esos ‘farolitos’ que Dios ha puesto en mi vida para iluminar mis pasos. Aunque venimos de culturas diferentes, compartimos una misma fe y creemos en un mismo Dios. Y he comprendido algo muy importante: la fe no se vive en soledad… la fe se vive en comunidad.”
Hoy solo puedo decir: Gracias, Dios por este regalo tan hermoso que tenías guardado para mí.
Testimonio de Flavia (V cuatro40)
Que ha supuesto para mi el encuentro. Cuatro Cuarenta. Que desde ya digo que no ha sido simplemente un retiro o un momento bonito, sino que ha sido un encuentro real con el Señor.
Para mí, este encuentro ha sido como un alto en mi camino. Como si el Señor me dijera: Detente un momento mira todo lo que has vivido, mira todo lo que hemos caminado juntos. Y en ese silencio, en ese parar, he podido ver con claridad quién soy, de dónde vengo y hasta dónde he llegado. He podido reconocer todas las maravillas que el Señor ha hecho en mi vida, incluso en aquellos momentos donde yo sólo veía dolor, confusión y soledad. Porque muchas veces creía que estaba luchando sola, que todo dependía de mis propias fuerza, pero no era así. Hoy puedo decir con certeza que nunca he estado sola.
Mi vida y como migrante no ha sido fácil. Salir de mi país, dejar atrás mi tierra, mi gente, mi familia y mis amigos, no es solo cambiar de lugar, es empezar de nuevo y de cero con el corazón lleno de incertidumbre. Creo que aprendí a vivir entre dos mundos, sin sentirme completamente de ninguno. Muchas veces me he sentido fuera de lugar. Como si no terminara de encajar aquí, Y eso duele… duele más de lo que se puede explicar. Porque es una lucha interna constante: querer ser aceptada, querer pertenecer, querer encontrar mi sitio.
Intenté cambiar muchas cosas de mí para encajar, para ser como los demás, para no sentirme diferente. Pero en ese intento, me fui perdiendo a mí misma. Hubo momentos en los que ya no sabía quién era. y dentro de mí solo había una pregunta: ¿entonces quién soy? Que ha sido de mi. A todo eso se sumaban mis propias inseguridades. Siempre pensé que era poca cosa, que no sería capaz de llegar lejos, que nunca sería como esas personas que parecen tenerlo todo: seguridad, éxito, facilidad para relacionarse. A mí siempre me ha costado acercarme a la gente, iniciar una conversación, crear amistades, y eso, en un país que no es el mío, pesa aún más.
Pero como si eso no bastará el Señor, me dio un momento que marcó profundamente mi vida, fue la pérdida de mi padre, estando lejos de él. Uno de los dolores más grandes que he vivido. Y quizás uno de los momentos en los que más sola podría haberme sentido… pero no fue así. Yo estaba en ese banco de atrás sentada donde solía sentarme era un 3 de mayo en misa de 12 . ya sabia que mi padre en cualquier momento cerraría sus ojos para siempre, ese día en medio de la misa recibí la llamada de una de mis hermanas que me decía, quiero decirte que papa ha muerto… solo me pudo decir eso y yo no le dije nada, fue la llamada más corta que he tenido con mi familia. y me quede Señor que ha pasado. terminaba la misa y se acercaba siempre con una gran sonrisa Isabel a saludarme, a lo mejor ella ni lo recuerde pero yo jamás lo olvidare, no se sus palabras de consuelo que me habrá dicho, pero lo que no se me olvidara es que ese día me llevo a la capilla de los salones de caritas y oro por mi y estuvo conmigo gracias Isabel, porque gracias a ello no me sentí sola el Señor me la permitió en mi camino en ese momento, hasta ahora lo veo claro, ahí estuvo presente Dios.
Y con esto les digo a todos que nuestra iglesia vale la pena, porque Dios esta presente en ella, esta presente en nosotros que nos congregamos aquí y que creemos, se hace presente en cada uno de nosotros para ayudar a los medas de una manera que a lo mejor ni lo imaginamos.
El Señor siempre ha estado presente. Aunque yo no lo entendiera, aunque el dolor fuera tan grande que no me dejara ver nada más… Él estaba sosteniéndome. Él estaba cargándome, como un padre carga a su hijo cuando ya no puede más. Él lloraba conmigo, caminaba conmigo, me daba fuerzas cuando sentía que ya no podía seguir. Y así, en cada etapa de mi vida, incluso en las más oscuras, la mano de Dios siempre se ha hecho presente, a través de cada uno de vosotros quizás con un gesto pequeño…un saludo una sonrisa etc, pero para mí era todo. Era sentir que alguien me veía. Era sentir que no estaba sola. Era volver a respirar. Era volver a vivir.
En este encuentro, cuatro40. el Señor me mostró algo que ha cambiado completamente mi forma de verme a mí misma
Me hizo entender que, por encima de todo lo que soy, de mi historia, de mis heridas, de mis miedos… hay algo que nunca cambia: que yo Soy hija de Dios. Y eso es lo que realmente me define.
Este encuentro me ha hecho ver que no necesito encajar en ningún sitio, ni cambiar quién soy para ser aceptada. Porque en Dios ya tengo un lugar. En Él ya pertenezco. Y en la fe, a todos nos hace familia. Hoy puedo decir que la fe es vida. Es refugio. Es fuerza. Es lo que me ha sostenido cuando todo lo demás fallaba. La fe me ha dado una familia. Me ha regalado hermanos, Me ha enseñado que no importa el lugar del mundo donde este. nunca estaré sola.
Yo, Flavia, hija muy amada de Dios, puedo decir hoy con el corazón desbordante: el Señor siempre ha estado en mi vida. En mis alegrías, y en mis lágrimas. En mis logros, y en mis caídas. En mis certeza, y en mis dudas.
Y me siento profundamente agradecida. Agradecida por cada paso, por cada prueba, por cada persona que Dios ha puesto en mi camino. Porque ahora entiendo que todo ha tenido un propósito. Y sobre todo, entiendo que no camino sola… nunca lo he hecho. Comparto esto, porque a lo mejor alguien este pasando por lo mismo, que sepa que aquí en la parroquia hay una familia que le recibe con los brazos abiertos y sobre todo que la presencia de Dios es maravillosa..
Testimonio de Ina (V cuatro40)
Yo no sé expresar muy bien las emociones de fe, pues mi abuela paterna fue la que me enseñó a conocer a Jesús y hablar con El cómo a un amigo, yo tenía ocho años
Siempre lo he sentido a mi lado, siempre he sentido su amor, como me cuida he pasado momentos difíciles y siempre lo he tenido a mi lado.
El fin de semana del cuatro40 ha sido un regalo pues ha sido un tiempo de estar con Él con relajación, paz y volver a sentir su amor Lo recomiendo a las personas q conozco y q se sienten solas o tienen dudas sobre su fe.
Testimonio de Laly (V cuatro40)
Mi camino de fe no empezó solo; comenzó a caminar el día que conocí al que hoy es mi marido. Él fue el primer puente hacia Dios, y hoy, que ambos estamos recorriendo juntos el camino de Proyecto Amor Conyugal, entiendo con total claridad que Dios me lo puso como una semilla. Él fue el instrumento del Señor para que yo empezara a vislumbrar lo que significa ser una hija amada; a través de nuestro amor, Dios fue preparando mi terreno.
Poco a poco he ido redescubriendo a Cristo en mi vida, aunque debo confesar que mi fe no ha sido una línea recta. He tenido momentos de oscuridad y dudas que a veces me han hecho tropezar o recaer. Sin embargo, en esos momentos difíciles, Dios no me dejó sola: puso en mi camino a compañeras que han sido luz. Gracias a María Jesús y a María, y después a Isabel Lledó, Isabel Olmos y Mari Tere, que me han guiado y sostenido cuando más lo necesitaba. Con su
testimonio y su cariño, ellas me han recordado lo profundamente amada que soy, incluso cuando yo misma no podía verlo.
Al llegar al encuentro cuatro40, esa semilla floreció de una manera nueva. Me esperaban con los brazos abiertos y una alegría que me desbordó. Me encontré con un ambiente lleno de paz, donde el servicio y el acompañamiento constante de todos en todo momento me hicieron sentir, por fin, en casa. No eran solo palabras; era el amor de Dios hecho servicio en cada detalle. Las reuniones semanales han sido el espacio para confirmar que no camino sola. Mi comunidad me ha sostenido y me ha enseñado que la misión de evangelizar empieza por dejarse amar.
Si tuviera que resumir todo lo que Dios ha grabado en mi alma en este encuentro en una sola palabra, esa es: CONFÍA.
Confía en el plan de Dios para mi matrimonio, confía en mi identidad como Su hija y confía en que, a pesar de mis dudas, Él siempre me espera con los brazos abiertos.
El cuatro40 me enseñó que mi valor no depende de lo que otros piensen o hagan, que puedo amar y servir desde la fe y desde la paz, y que ser semilla de Dios es vivir su amor cada día. Hoy camino con una fe más madura, más libre y más confiada, y mi corazón agradece por cada prueba, cada abrazo, y cada persona que han sido instrumento del amor de Dios en mi vida. Dios me enseñó que no estoy sola, que siempre estoy sostenida, y que mi historia es Su obra de
amor.
Testimonio de Antonia García León (V cuatro40)
Por fin pude vivir el encuentro “Cuatro40”, algo que llevaba mucho tiempo deseando. Y fue una doble alegría, porque no fui sola: mi marido, que al principio estaba más distante, decidió acompañarme. Para mí, eso fue un regalo del Señor.
Allí me sentí muy acogida, querida y cuidada. Me descubrí como una hija amada de Dios, incluso con mis debilidades. Entendí que Dios nunca me ha abandonado; era yo quien muchas veces me alejaba. Fueron días intensos. Lloré, pero también sentí una alegría muy profunda. Comprendí que no estamos solos, que el Señor siempre está cerca, buscándonos y amándonos.
Aprendí a abrir más mi corazón, a dejar los miedos y a quedarme con lo bueno. Descubrí la importancia del Espíritu Santo y de la Palabra de Dios para mi vida. También me marcó mucho el servicio y el amor con el que me cuidaron. Eso me enseñó a valorarme más y a aprender a recibir.
Hoy quiero seguir este camino: rezar más, escuchar al Señor y sentir su presencia. Quiero amar, perdonar y ayudar más a los demás. Yo siempre pedía que aumentara mi fe, y puedo decir que este encuentro la ha fortalecido y ha abierto mi corazón.
Testimonio de María Úbeda (V cuatro40)
Cuando me apunté al cuatro40 no lo tenía muy claro, pero tenía inquietud, la verdad, por saber de qué se trataba, me habían hablado que sería muy bueno para mi fe y mi crecimiento personal. La verdad que cuando llegó el día pensé no ir, dónde iba yo si no iba a cambiar nada a mi fe… pero algo me movía por dentro y fui con dudas y muchos nervios y a la vez mucha ilusión y esperanza.
Cuando entré allí con esa acogida con tanto cariño, me olvidé de las cosas de fuera y comencé a disfrutar. No sé ni cómo comenzar, pero deciros que la alegría se comparte. Se que alguien siempre va conmigo, que los problemas que tengo en mi vida son pequeños aunque sean muy importantes para mí. Descubrí que tengo un compañero de viaje llamado Jesús. Que nunca estoy sola, que tengo fe y se alimenta en la comunidad y compartiéndola con todos. Y con tus hermanos en la fe se hace grande comprender, perdonar, amar, y compartir.
Siento que no estoy sola, que teniendo a mi lado a Jesús y a los hermanos todo lo puedo, que soy hija amada por Dios. Me he reafirmado en mi fe, he hecho balance de mi vida, me he emocionado y he descubierto que mi vida es importante, pero con la fe sea pequeña o grande, porque no se medirla,
Gracias Dios, necesito valentía para crecer y abrir mis ojos y mi corazón porque sigo en pie y necesito fe para no pensar en lo que no tengo sino en dar gracias gracias por lo que sí tengo, necesito vaciar mi mochila de piedras y dejar entrar la arena de mi compañero de vida Jesús.
“Este es el mejor momento de salir y respirar”
Testimonio de Verónica (V cuatro40)
Me gustaría empezar por presentarme. Me llamo Verónica, hija de Fina la lechera, hermana de Encarna y no sigo presentando a mi super familia porque se va el folio. A pesar de eso era una más del montón ¿y qué es eso? Bueno, esa chica del montón es una persona invisible, insegura, miedosa, culpable y pecadora. Quien me conozca no podrá creer lo que estoy diciendo… sobre todo porque, según me dicen, no APARENTO eso.
Para ser sincera, antes de este encuentro la iglesia para mí era algo en contra de mis pensamientos racionales. Esto lo digo porque según fuentes de INTERNET y HABLADURÍAS, hay cosas en mi vida que, para SEGÚN QUIENES, no son lo “objetivamente estipulado”. Esto me llevaba a alejarme y decir “vale, yo llevo mi propia fe”.
Lo cierto es que en mis momentos oscuros me agarraba a una cruz y rezaba como si no hubiera un mañana. Me ponía Radío María y rezaba el Rosario, yo sola pero alejada de lo que es la parroquia y su vida con el pensamiento de…yo no encajo porque mi forma de amar es otra. Pero amigos, qué equivocada estaba…
Después de una de las danas más impactantes y destructoras que he tenido en mi vida aparece una persona, o mejor dicho, una luz que me hace cambiar todo: mi hermana Encarna. Un día llega y me dice… mira lo que te digo, te apunto al cuatro40. Te hace falta y lo necesitas. Mi respuesta fue “Vale, un fin de semana de descanso y relax que me hace falta sí, eso sí, yo catequista no quiero ser” Su respuesta “ni yo que lo seas” en tono sarcástico.
Una vez apuntada la gente (acordarse de que era invisible según yo) empieza a decirme “¡Madre mía! ¡Qué bien! ¡Me alegro muchísimo! ¡Qué emoción! ¿Tu? ¡Qué fuerte!,” y yo por supuesto flipando en colores porque algunas casi lloraban.
Llega el esperado día que comienza este torbellino, huracán y tormenta que fue mi encuentro con dios. Tenía claro que iba a abrirme en canal y dejarme llevar por todo lo que me viniera. Solo puedo decir que me llevé 5 paquetes de clinex y todavía tuve que usar el rollo de papel higiénico del baño, lo cual significó LIMPIEZA, PURIFICACIÓN Y ENCUENTRO.
Al terminar pensé que era el fin, pero de repente me encuentro en el vía crucis, en misa un día a la semana y los domingos, planeando un viaje de misionera a Bolivia, en el encuentro Tabor, leyendo la Biblia, rezando, viendo The Chosen y dentro de la vida de la parroquia ¿Y eso como ha sido? No puedo decir más que cuando descubres un lugar donde todo se mueve con amor, ves el cariño y la dedicación con que hacen absolutamente todo y donde solo sientes cosas buenas y muy bonitas lo único que te queda es abrirte en canal y empaparte de la gracia divina.
Al principio he dicho que ERA una del montón. Pues ahora digo que SOY una del montón, pero del montón de GENTE MARAVILLOSA QUE FORMA EL 4-40 y por supuesto del montón que forma la PARROQUIA DE TORRE PACHECO.
Y por último decir: Gracias Dios mío por salir a mi encuentro porque hoy mi fe no es un misterio, es una relación viva con el Espíritu Santo. Gracias por el retiro cuatro40 que me sacudió y por cada uno de esos seis jueves que me sostuvieron y me enseñaron a caminar a tu lado.
Con el corazón abierto y lleno de gratitud, Verónica, hija amada de dios
[/vc_column][/vc_row]Testimonio de Eusebio (V cuatro40)
El Cuatro Cuarenta podría decir que fue un antes y un después en mi vida Para mí no simplemente un evento, sino una experiencia que tocó mi corazón. Que no sabía que necesitaba sanar. Desde el primer momento sentí algo diferente, como si todo estuviera preparado para vivir algo personal y único. A través de cada palabra y cada instante de reflexión, fui confrontando mis limitaciones.
En varios momentos comprendí que muchas cargas eran el tiempo y momento de soltarlas. Fue allí donde experimente una conexión con Jesús, algo que me hizo sentir amado y comprendido. Me hizo reflexionar sobre mis prioridades, me dio una sensación de paz y de calma, que por cierto es lo que se respiraba allí, que me envolvió en ese momento. El Cuatro Cuarenta me ayudo a crecer en mi fe.
Sin duda es una experiencia que recomendaría a cualquier persona que esté buscando un cambio real en su vida En medio de todo, una cosa me quedó clara ESTO SON LAS COSAS DEL SEÑOR’ El Cuatro Cuarenta será siempre un lugar de recuerdo y reflexión para mí.
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Testimonio de Ana Galindo (V cuatro40)
Érase una vez una mujer que añoraba su grupo de vida, que deseaba volver a formar parte de una comunidad, de vivir su fe junto con otras personas. Una mujer que un día decidió ir al despacho parroquial a preguntar como participar en la comunidad, cómo formar parte de un grupo dónde compartir sus dudas y sus miedos, sus alegrías y sus inquietudes. Esa mujer era yo.
Aquella tarde Manolo me habló del cuatro40, yo dije SI, sin saber nada, sin pensarlo dos veces. Imaginé que era una reunión sin más, desconocía que había que hacer noche que eran tres días y cuando me percaté de aquello pensé he dicho SI con mucha rapidez porque yo no conozco a nadie “voy a estar un poco colgada” todo el fin de semana. Aún así hice la inscripción.
Sin muchas expectativas, llegó la tarde del viernes, como no podía ser de otra forma no encontraba el sitio y llegaba tarde, mi sentido de la orientación me volvía a fallar, pero tras preguntar a varias personas encontré el lugar. Llegué enfadada por haberme perdido, pero cuando abrí la puerta y me recibieron con una sonrisa, con alegría y entusiasmo y se ofrecieron a llevarme la maleta me hicieron sentir una más del grupo, me hicieron sentir parte de..
El fin de semana fue transcurriendo entre risas y lágrimas, entre miedos e incertidumbres, entre plenitud y alegría. Iba sintiendo que el ESPIRITU SANTO estaba en cada rincón de la casa, en cada persona con la que hablaba en cada momento de silencio, en cada canción. DIOS estaba presente en las miradas, en los gestos, en las personas, en la comida, en el dar sin esperar, en el servir a los otros y en el dejar que te sirvan.
Felicidad, tristeza, plenitud o vacío sentimientos encontrados que vas sintiendo y viviendo durante el fin de semana. No se puede explicar porque hay que vivirlo y cada uno lo vive diferente porque cada persona lo siente desde su experiencia, desde su necesidad y desde su momento de vida. ES UNA EXPERIENCIA ÚNICA que se vive desde la fe.
Después del cuatro40 algo ha cambiado en mí, sentí que tengo que vivir la fe desde todas las facetas de la vida, en el trabajo, en el super, en la familia, en el vecindario, en el paseo con mi perro, en mis ensayos de teatro, porque ser Cristiana no es algo que solo se viva en la iglesia o en la oración y en tu encuentro con Dios, es algo que se vive en COMUNIDAD, que se comparte que se GRITA que se NOTA, esa alegría ese AMOR DE DIOS hay que compartirlo hay que VIVIRLO y hay que DEMOSTRARLO en cada momento de tu vida.
Una vez mi hijo me dijo, REZA, Reza mucho en los momentos malos y en los buenos Dios siempre te escucha y te ayuda, cuenta tus bendiciones una a una y mira lo que DIOS te ha regalado y compártelo, no te lo quedes, ofrécelo a todos los que te rodean., DIOS lo tiene todo planeado no tengas miedo.
Creo que no hay que tener miedo a los planes de Dios aunque a veces no los podamos entender hay que dejarse llevar y fluir. El cuatro40 ha sido un regalo de DIOS que tengo que compartir con los demás, GRITAR muy alto y contarle al mundo que somos HIJOS DE DIOS que la GRACIA DE DIOS ESTÁ CON NOSOTROS y que CRISTO HA RESUCITADO PARA SALVARNOS Y DARNOS VIDA ETERNA.
Un abrazo en CRISTO.
Testimonio de Elvira (V cuatro40)
Vi por whasap lo del retiro cuatro40. Estuve viendo testimonios de personas que lo habían hecho. Me llamó mucho la atención ver cómo se sentían. Llame a Cari y le pregunté. Le dije que yo no era de rezar, que no sabía. Me animó mucho y me apunté.
Fue un fin de semana muy intenso. Me animé a ir porque estaba pasando un mal momento, que no soportaba, estaba perdida. Recordaba el relato del endemoniado y que Jesús se acercó y cambió su vida. Pensé… voy a abrir mi puerta a Jesús y pedirle que me ayudara a enriquecer mi fe, a entender porque me encontraba así de triste, perdida, sola, cansada de esa situación.
Bueno… pues a día de hoy, se me fue la tristeza, me siento querida por un equipo de compañeras, los párrocos, las coordinadoras. Siento que tengo una nueva familia en la parroquia, me han alimentado y tengo mucha hambre de fe, de escuchar a nuestros padres, me siento muy afortunada de este grandísimo cambio, este giro que ha dado mi vida. Lo digo como lo siento.
Doy gracias a todo el equipo por todo su trabajo y todo su esfuerzo, por su tiempo para hacer que personas como yo, perdidas, cambien la vida. Gracias a los párrocos: Manolo, Abraham.
Y pido a Dios que me ilumine en este camino, me de mucha luz y que no me pierda y si así ocurriera me ayude a volver a encontrarlo. Quiero seguir escuchando y aprendiendo, disfrutando y que el Espíritu Santo esté siempre conmigo, con mi familia, con mis amigos y ojalá mi historia pueda ayudar a personas con dificultades, que se dejen hacer y abran su corazón a Dios para que pueda entrar y ayudarles. Gracias.
Testimonio de Fátima (V cuatro40)
Durante un tiempo estuve atravesando momentos de mucha desesperanza. No encontraba sentido a muchas cosas que hacía, y diferentes situaciones en mi vida fueron generando en mí desánimo, miedo, inseguridades y mucha frustración.
A todo esto se sumaba la gran soledad que he sentido al dejar mi país hace ya 14 años. Ese dolor de estar lejos de mi tierra, de mi gente… fue poco a poco debilitando mi fe.
La invitación a vivir este encuentro Cuatro40 llevaba mucho tiempo rondando mi vida. Siempre encontraba una excusa… siempre pensaba que debía esperar “el mejor momento” para asistir. Pero no fue así. Finalmente llegué justo en mi peor momento… cuando todo lo veía oscuro y sin salida.
Sin embargo, en el fondo de mi corazón sentía que Dios, en medio del desierto que estaba viviendo, quería regalarme algo especial. Y hoy puedo decir con certeza que los planes de Dios son perfectos.
La vivencia de este retiro y de los seis encuentros posteriores significaron para mí una profunda sanación interior; fueron momentos de reencontrarme con Dios nuevamente a su manera, y pude experimentar su amor y sentirme verdaderamente como su hija amada.
Un tiempo de silencio interior, un tiempo para fortalecer mi vida de oración, donde he podido sentir que Él me sostiene y donde he sentido descanso en Él. He aprendido a aceptar con paz lo que Él dispone para mi vida, incluso en medio del dolor, pero ahora con libertad, con amor y con confianza.
También encontré una comunidad que, durante estos años en España, había estado buscando. Una comunidad hermosa, formada por personas que se preocupan por mí y me acompañan en este camino de fe. Son esos ‘farolitos’ que Dios ha puesto en mi vida para iluminar mis pasos. Aunque venimos de culturas diferentes, compartimos una misma fe y creemos en un mismo Dios. Y he comprendido algo muy importante: la fe no se vive en soledad… la fe se vive en comunidad.”
Hoy solo puedo decir: Gracias, Dios por este regalo tan hermoso que tenías guardado para mí.
Testimonio de Flavia (V cuatro40)
Que ha supuesto para mi el encuentro. Cuatro Cuarenta. Que desde ya digo que no ha sido simplemente un retiro o un momento bonito, sino que ha sido un encuentro real con el Señor.
Para mí, este encuentro ha sido como un alto en mi camino. Como si el Señor me dijera: Detente un momento mira todo lo que has vivido, mira todo lo que hemos caminado juntos. Y en ese silencio, en ese parar, he podido ver con claridad quién soy, de dónde vengo y hasta dónde he llegado. He podido reconocer todas las maravillas que el Señor ha hecho en mi vida, incluso en aquellos momentos donde yo sólo veía dolor, confusión y soledad. Porque muchas veces creía que estaba luchando sola, que todo dependía de mis propias fuerza, pero no era así. Hoy puedo decir con certeza que nunca he estado sola.
Mi vida y como migrante no ha sido fácil. Salir de mi país, dejar atrás mi tierra, mi gente, mi familia y mis amigos, no es solo cambiar de lugar, es empezar de nuevo y de cero con el corazón lleno de incertidumbre. Creo que aprendí a vivir entre dos mundos, sin sentirme completamente de ninguno. Muchas veces me he sentido fuera de lugar. Como si no terminara de encajar aquí, Y eso duele… duele más de lo que se puede explicar. Porque es una lucha interna constante: querer ser aceptada, querer pertenecer, querer encontrar mi sitio.
Intenté cambiar muchas cosas de mí para encajar, para ser como los demás, para no sentirme diferente. Pero en ese intento, me fui perdiendo a mí misma. Hubo momentos en los que ya no sabía quién era. y dentro de mí solo había una pregunta: ¿entonces quién soy? Que ha sido de mi. A todo eso se sumaban mis propias inseguridades. Siempre pensé que era poca cosa, que no sería capaz de llegar lejos, que nunca sería como esas personas que parecen tenerlo todo: seguridad, éxito, facilidad para relacionarse. A mí siempre me ha costado acercarme a la gente, iniciar una conversación, crear amistades, y eso, en un país que no es el mío, pesa aún más.
Pero como si eso no bastará el Señor, me dio un momento que marcó profundamente mi vida, fue la pérdida de mi padre, estando lejos de él. Uno de los dolores más grandes que he vivido. Y quizás uno de los momentos en los que más sola podría haberme sentido… pero no fue así. Yo estaba en ese banco de atrás sentada donde solía sentarme era un 3 de mayo en misa de 12 . ya sabia que mi padre en cualquier momento cerraría sus ojos para siempre, ese día en medio de la misa recibí la llamada de una de mis hermanas que me decía, quiero decirte que papa ha muerto… solo me pudo decir eso y yo no le dije nada, fue la llamada más corta que he tenido con mi familia. y me quede Señor que ha pasado. terminaba la misa y se acercaba siempre con una gran sonrisa Isabel a saludarme, a lo mejor ella ni lo recuerde pero yo jamás lo olvidare, no se sus palabras de consuelo que me habrá dicho, pero lo que no se me olvidara es que ese día me llevo a la capilla de los salones de caritas y oro por mi y estuvo conmigo gracias Isabel, porque gracias a ello no me sentí sola el Señor me la permitió en mi camino en ese momento, hasta ahora lo veo claro, ahí estuvo presente Dios.
Y con esto les digo a todos que nuestra iglesia vale la pena, porque Dios esta presente en ella, esta presente en nosotros que nos congregamos aquí y que creemos, se hace presente en cada uno de nosotros para ayudar a los medas de una manera que a lo mejor ni lo imaginamos.
El Señor siempre ha estado presente. Aunque yo no lo entendiera, aunque el dolor fuera tan grande que no me dejara ver nada más… Él estaba sosteniéndome. Él estaba cargándome, como un padre carga a su hijo cuando ya no puede más. Él lloraba conmigo, caminaba conmigo, me daba fuerzas cuando sentía que ya no podía seguir. Y así, en cada etapa de mi vida, incluso en las más oscuras, la mano de Dios siempre se ha hecho presente, a través de cada uno de vosotros quizás con un gesto pequeño…un saludo una sonrisa etc, pero para mí era todo. Era sentir que alguien me veía. Era sentir que no estaba sola. Era volver a respirar. Era volver a vivir.
En este encuentro, cuatro40. el Señor me mostró algo que ha cambiado completamente mi forma de verme a mí misma
Me hizo entender que, por encima de todo lo que soy, de mi historia, de mis heridas, de mis miedos… hay algo que nunca cambia: que yo Soy hija de Dios. Y eso es lo que realmente me define.
Este encuentro me ha hecho ver que no necesito encajar en ningún sitio, ni cambiar quién soy para ser aceptada. Porque en Dios ya tengo un lugar. En Él ya pertenezco. Y en la fe, a todos nos hace familia. Hoy puedo decir que la fe es vida. Es refugio. Es fuerza. Es lo que me ha sostenido cuando todo lo demás fallaba. La fe me ha dado una familia. Me ha regalado hermanos, Me ha enseñado que no importa el lugar del mundo donde este. nunca estaré sola.
Yo, Flavia, hija muy amada de Dios, puedo decir hoy con el corazón desbordante: el Señor siempre ha estado en mi vida. En mis alegrías, y en mis lágrimas. En mis logros, y en mis caídas. En mis certeza, y en mis dudas.
Y me siento profundamente agradecida. Agradecida por cada paso, por cada prueba, por cada persona que Dios ha puesto en mi camino. Porque ahora entiendo que todo ha tenido un propósito. Y sobre todo, entiendo que no camino sola… nunca lo he hecho. Comparto esto, porque a lo mejor alguien este pasando por lo mismo, que sepa que aquí en la parroquia hay una familia que le recibe con los brazos abiertos y sobre todo que la presencia de Dios es maravillosa..
Testimonio de Ina (V cuatro40)
Yo no sé expresar muy bien las emociones de fe, pues mi abuela paterna fue la que me enseñó a conocer a Jesús y hablar con El cómo a un amigo, yo tenía ocho años
Siempre lo he sentido a mi lado, siempre he sentido su amor, como me cuida he pasado momentos difíciles y siempre lo he tenido a mi lado.
El fin de semana del cuatro40 ha sido un regalo pues ha sido un tiempo de estar con Él con relajación, paz y volver a sentir su amor Lo recomiendo a las personas q conozco y q se sienten solas o tienen dudas sobre su fe.
Testimonio de Laly (V cuatro40)
Mi camino de fe no empezó solo; comenzó a caminar el día que conocí al que hoy es mi marido. Él fue el primer puente hacia Dios, y hoy, que ambos estamos recorriendo juntos el camino de Proyecto Amor Conyugal, entiendo con total claridad que Dios me lo puso como una semilla. Él fue el instrumento del Señor para que yo empezara a vislumbrar lo que significa ser una hija amada; a través de nuestro amor, Dios fue preparando mi terreno.
Poco a poco he ido redescubriendo a Cristo en mi vida, aunque debo confesar que mi fe no ha sido una línea recta. He tenido momentos de oscuridad y dudas que a veces me han hecho tropezar o recaer. Sin embargo, en esos momentos difíciles, Dios no me dejó sola: puso en mi camino a compañeras que han sido luz. Gracias a María Jesús y a María, y después a Isabel Lledó, Isabel Olmos y Mari Tere, que me han guiado y sostenido cuando más lo necesitaba. Con su
testimonio y su cariño, ellas me han recordado lo profundamente amada que soy, incluso cuando yo misma no podía verlo.
Al llegar al encuentro cuatro40, esa semilla floreció de una manera nueva. Me esperaban con los brazos abiertos y una alegría que me desbordó. Me encontré con un ambiente lleno de paz, donde el servicio y el acompañamiento constante de todos en todo momento me hicieron sentir, por fin, en casa. No eran solo palabras; era el amor de Dios hecho servicio en cada detalle. Las reuniones semanales han sido el espacio para confirmar que no camino sola. Mi comunidad me ha sostenido y me ha enseñado que la misión de evangelizar empieza por dejarse amar.
Si tuviera que resumir todo lo que Dios ha grabado en mi alma en este encuentro en una sola palabra, esa es: CONFÍA.
Confía en el plan de Dios para mi matrimonio, confía en mi identidad como Su hija y confía en que, a pesar de mis dudas, Él siempre me espera con los brazos abiertos.
El cuatro40 me enseñó que mi valor no depende de lo que otros piensen o hagan, que puedo amar y servir desde la fe y desde la paz, y que ser semilla de Dios es vivir su amor cada día. Hoy camino con una fe más madura, más libre y más confiada, y mi corazón agradece por cada prueba, cada abrazo, y cada persona que han sido instrumento del amor de Dios en mi vida. Dios me enseñó que no estoy sola, que siempre estoy sostenida, y que mi historia es Su obra de
amor.
Testimonio de Antonia García León (V cuatro40)
Por fin pude vivir el encuentro “Cuatro40”, algo que llevaba mucho tiempo deseando. Y fue una doble alegría, porque no fui sola: mi marido, que al principio estaba más distante, decidió acompañarme. Para mí, eso fue un regalo del Señor.
Allí me sentí muy acogida, querida y cuidada. Me descubrí como una hija amada de Dios, incluso con mis debilidades. Entendí que Dios nunca me ha abandonado; era yo quien muchas veces me alejaba. Fueron días intensos. Lloré, pero también sentí una alegría muy profunda. Comprendí que no estamos solos, que el Señor siempre está cerca, buscándonos y amándonos.
Aprendí a abrir más mi corazón, a dejar los miedos y a quedarme con lo bueno. Descubrí la importancia del Espíritu Santo y de la Palabra de Dios para mi vida. También me marcó mucho el servicio y el amor con el que me cuidaron. Eso me enseñó a valorarme más y a aprender a recibir.
Hoy quiero seguir este camino: rezar más, escuchar al Señor y sentir su presencia. Quiero amar, perdonar y ayudar más a los demás. Yo siempre pedía que aumentara mi fe, y puedo decir que este encuentro la ha fortalecido y ha abierto mi corazón.
Testimonio de María Úbeda (V cuatro40)
Cuando me apunté al cuatro40 no lo tenía muy claro, pero tenía inquietud, la verdad, por saber de qué se trataba, me habían hablado que sería muy bueno para mi fe y mi crecimiento personal. La verdad que cuando llegó el día pensé no ir, dónde iba yo si no iba a cambiar nada a mi fe… pero algo me movía por dentro y fui con dudas y muchos nervios y a la vez mucha ilusión y esperanza.
Cuando entré allí con esa acogida con tanto cariño, me olvidé de las cosas de fuera y comencé a disfrutar. No sé ni cómo comenzar, pero deciros que la alegría se comparte. Se que alguien siempre va conmigo, que los problemas que tengo en mi vida son pequeños aunque sean muy importantes para mí. Descubrí que tengo un compañero de viaje llamado Jesús. Que nunca estoy sola, que tengo fe y se alimenta en la comunidad y compartiéndola con todos. Y con tus hermanos en la fe se hace grande comprender, perdonar, amar, y compartir.
Siento que no estoy sola, que teniendo a mi lado a Jesús y a los hermanos todo lo puedo, que soy hija amada por Dios. Me he reafirmado en mi fe, he hecho balance de mi vida, me he emocionado y he descubierto que mi vida es importante, pero con la fe sea pequeña o grande, porque no se medirla,
Gracias Dios, necesito valentía para crecer y abrir mis ojos y mi corazón porque sigo en pie y necesito fe para no pensar en lo que no tengo sino en dar gracias gracias por lo que sí tengo, necesito vaciar mi mochila de piedras y dejar entrar la arena de mi compañero de vida Jesús.
“Este es el mejor momento de salir y respirar”
Testimonio de Verónica (V cuatro40)
Me gustaría empezar por presentarme. Me llamo Verónica, hija de Fina la lechera, hermana de Encarna y no sigo presentando a mi super familia porque se va el folio. A pesar de eso era una más del montón ¿y qué es eso? Bueno, esa chica del montón es una persona invisible, insegura, miedosa, culpable y pecadora. Quien me conozca no podrá creer lo que estoy diciendo… sobre todo porque, según me dicen, no APARENTO eso.
Para ser sincera, antes de este encuentro la iglesia para mí era algo en contra de mis pensamientos racionales. Esto lo digo porque según fuentes de INTERNET y HABLADURÍAS, hay cosas en mi vida que, para SEGÚN QUIENES, no son lo “objetivamente estipulado”. Esto me llevaba a alejarme y decir “vale, yo llevo mi propia fe”.
Lo cierto es que en mis momentos oscuros me agarraba a una cruz y rezaba como si no hubiera un mañana. Me ponía Radío María y rezaba el Rosario, yo sola pero alejada de lo que es la parroquia y su vida con el pensamiento de…yo no encajo porque mi forma de amar es otra. Pero amigos, qué equivocada estaba…
Después de una de las danas más impactantes y destructoras que he tenido en mi vida aparece una persona, o mejor dicho, una luz que me hace cambiar todo: mi hermana Encarna. Un día llega y me dice… mira lo que te digo, te apunto al cuatro40. Te hace falta y lo necesitas. Mi respuesta fue “Vale, un fin de semana de descanso y relax que me hace falta sí, eso sí, yo catequista no quiero ser” Su respuesta “ni yo que lo seas” en tono sarcástico.
Una vez apuntada la gente (acordarse de que era invisible según yo) empieza a decirme “¡Madre mía! ¡Qué bien! ¡Me alegro muchísimo! ¡Qué emoción! ¿Tu? ¡Qué fuerte!,” y yo por supuesto flipando en colores porque algunas casi lloraban.
Llega el esperado día que comienza este torbellino, huracán y tormenta que fue mi encuentro con dios. Tenía claro que iba a abrirme en canal y dejarme llevar por todo lo que me viniera. Solo puedo decir que me llevé 5 paquetes de clinex y todavía tuve que usar el rollo de papel higiénico del baño, lo cual significó LIMPIEZA, PURIFICACIÓN Y ENCUENTRO.
Al terminar pensé que era el fin, pero de repente me encuentro en el vía crucis, en misa un día a la semana y los domingos, planeando un viaje de misionera a Bolivia, en el encuentro Tabor, leyendo la Biblia, rezando, viendo The Chosen y dentro de la vida de la parroquia ¿Y eso como ha sido? No puedo decir más que cuando descubres un lugar donde todo se mueve con amor, ves el cariño y la dedicación con que hacen absolutamente todo y donde solo sientes cosas buenas y muy bonitas lo único que te queda es abrirte en canal y empaparte de la gracia divina.
Al principio he dicho que ERA una del montón. Pues ahora digo que SOY una del montón, pero del montón de GENTE MARAVILLOSA QUE FORMA EL 4-40 y por supuesto del montón que forma la PARROQUIA DE TORRE PACHECO.
Y por último decir: Gracias Dios mío por salir a mi encuentro porque hoy mi fe no es un misterio, es una relación viva con el Espíritu Santo. Gracias por el retiro cuatro40 que me sacudió y por cada uno de esos seis jueves que me sostuvieron y me enseñaron a caminar a tu lado.
Con el corazón abierto y lleno de gratitud, Verónica, hija amada de dios
[/vc_column][/vc_row]Desde que nací mi vida transcurrió en una familia tradicional católica con mis altibajos de niño, adolescente, escolares, laborales, económicos y de salud familiar.
Mi vida junto a mi esposa Laly y nuestros hijos Pedro José y Patricia transcurría en una espiral de trabajo, tareas, colegios, quehaceres cotidianos, médicos y ocio para compensar las obligaciones, ir a misa cuando se podía, una vida de hacer cosas para sentirnos bien y estar bien a ojos de los demás como una familia que prospera.
Un día me dice Laly …..la parroquia Ofrece unas catequesis de Proyecto Amor Conyugal para matrimonios ….¿Vamos? …me pregunta.
Fuimos a las catequesis y no entendía nada de lo que decían pero me sentía bien allí, se hablaban cosas que yo por alguna razón quería entender. Me decidí un día y me inscribí en el Retiro de Proyecto Amor Conyugal para matrimonios. Allí a los dos se nos abrieron los ojos y comenzamos a ver nuestro matrimonio como el Sacramento que es y su finalidad, Dios se hace presente en nosotros. Seguimos en las catequesis y el rumbo y la predisposición es otra.
Todo va estupendo, mi entendimiento y mis ganas de conocer a Jesús aumentan. Al tiempo que leo y escucho sobre Jesús, me asaltan pensamientos que me dicen “todo es un circo montado a tu alrededor para manipularte”. Pero en mi día a día compruebo que lo que sucede y sucedió en momentos anteriores de mi vida no es fruto de casualidad o azar.
En una de mis confesiones el sacerdote me aconsejo que leyera la Oración del Abandono. Desde entonces la canto para mí casi todos los días.
A la misma vez voy escuchando lo del nuevo Retiro cuatro40, …. yo no tengo que hacerlo pienso para mí yo ya he hecho un retiro maravilloso con mi esposa. ¡Idea! Se lo regalo a mi esposa y que después me cuente. Pero….. Laly mi Ayuda Adecuada a los pocos días se sienta a mi lado y de una forma totalmente argumentada como pocas veces, me hace ver que yo tenía que ir a ese retiro con ella. Ahí la Virgen María y el Espíritu Santo me hablaron a través de ella. Y se lo agradeceré siempre, como tantas otras cosas, por eso es mi Ayuda Adecuada.
En el retiro cuatro40 se afianza en mi la convicción de la existencia de Dios, de que soy hijo amado de Dios, pensado y soñado para ser herramienta en la Tierra para Gloria de Dios. En el retiro cuatro40 experimenté algo similar a lo que sentí cuando quise ir al Seminario de niño, aunque aquello me vino grande y me asusté, pero después he comprendido que El Señor mi Dios me llamaba por otro camino. Fue ese fin de semana en el retiro cuatro40 la primera vez en mi vida que necesitaba pedir perdón al Señor mi Dios por mis pecados con una certeza absoluta que no había experimentado nunca antes. Quería hablar con él pedirle Perdón y pedirle Valentía para no callar ante el mundo al tener que hablar de Cristo y la Iglesia y darle gracias por dar mayor claridad a mis pensamientos y las cosas buenas y malas que me han pasado.
Estoy convencido que Dios quiere que lo conozca, cada día más, en cada palabra que escucho o leo, cada situación que vivo por pequeña que sea. Los Evangelios repetidos que he oído durante 40 años ahora los estoy ESCUCHANDO y cada palabra que escucho es una nueva enseñanza para mí. A veces pienso… Tarde te Ame como decía san Agustín, pero también es cierto que Moisés dirigió el Éxodo a los 80 años. Entonces veo que nunca es tarde y que cada día es una nueva oportunidad para conocerte Señor.
Esto es lo que humildemente creo que tenía que expresar. Muchas Gracias.
[/vc_column_text]
Testimonio de Eusebio (V cuatro40)
El Cuatro Cuarenta podría decir que fue un antes y un después en mi vida Para mí no simplemente un evento, sino una experiencia que tocó mi corazón. Que no sabía que necesitaba sanar. Desde el primer momento sentí algo diferente, como si todo estuviera preparado para vivir algo personal y único. A través de cada palabra y cada instante de reflexión, fui confrontando mis limitaciones.
En varios momentos comprendí que muchas cargas eran el tiempo y momento de soltarlas. Fue allí donde experimente una conexión con Jesús, algo que me hizo sentir amado y comprendido. Me hizo reflexionar sobre mis prioridades, me dio una sensación de paz y de calma, que por cierto es lo que se respiraba allí, que me envolvió en ese momento. El Cuatro Cuarenta me ayudo a crecer en mi fe.
Sin duda es una experiencia que recomendaría a cualquier persona que esté buscando un cambio real en su vida En medio de todo, una cosa me quedó clara ESTO SON LAS COSAS DEL SEÑOR’ El Cuatro Cuarenta será siempre un lugar de recuerdo y reflexión para mí.
Testimonio de Ana Galindo (V cuatro40)
Érase una vez una mujer que añoraba su grupo de vida, que deseaba volver a formar parte de una comunidad, de vivir su fe junto con otras personas. Una mujer que un día decidió ir al despacho parroquial a preguntar como participar en la comunidad, cómo formar parte de un grupo dónde compartir sus dudas y sus miedos, sus alegrías y sus inquietudes. Esa mujer era yo.
Aquella tarde Manolo me habló del cuatro40, yo dije SI, sin saber nada, sin pensarlo dos veces. Imaginé que era una reunión sin más, desconocía que había que hacer noche que eran tres días y cuando me percaté de aquello pensé he dicho SI con mucha rapidez porque yo no conozco a nadie “voy a estar un poco colgada” todo el fin de semana. Aún así hice la inscripción.
Sin muchas expectativas, llegó la tarde del viernes, como no podía ser de otra forma no encontraba el sitio y llegaba tarde, mi sentido de la orientación me volvía a fallar, pero tras preguntar a varias personas encontré el lugar. Llegué enfadada por haberme perdido, pero cuando abrí la puerta y me recibieron con una sonrisa, con alegría y entusiasmo y se ofrecieron a llevarme la maleta me hicieron sentir una más del grupo, me hicieron sentir parte de..
El fin de semana fue transcurriendo entre risas y lágrimas, entre miedos e incertidumbres, entre plenitud y alegría. Iba sintiendo que el ESPIRITU SANTO estaba en cada rincón de la casa, en cada persona con la que hablaba en cada momento de silencio, en cada canción. DIOS estaba presente en las miradas, en los gestos, en las personas, en la comida, en el dar sin esperar, en el servir a los otros y en el dejar que te sirvan.
Felicidad, tristeza, plenitud o vacío sentimientos encontrados que vas sintiendo y viviendo durante el fin de semana. No se puede explicar porque hay que vivirlo y cada uno lo vive diferente porque cada persona lo siente desde su experiencia, desde su necesidad y desde su momento de vida. ES UNA EXPERIENCIA ÚNICA que se vive desde la fe.
Después del cuatro40 algo ha cambiado en mí, sentí que tengo que vivir la fe desde todas las facetas de la vida, en el trabajo, en el super, en la familia, en el vecindario, en el paseo con mi perro, en mis ensayos de teatro, porque ser Cristiana no es algo que solo se viva en la iglesia o en la oración y en tu encuentro con Dios, es algo que se vive en COMUNIDAD, que se comparte que se GRITA que se NOTA, esa alegría ese AMOR DE DIOS hay que compartirlo hay que VIVIRLO y hay que DEMOSTRARLO en cada momento de tu vida.
Una vez mi hijo me dijo, REZA, Reza mucho en los momentos malos y en los buenos Dios siempre te escucha y te ayuda, cuenta tus bendiciones una a una y mira lo que DIOS te ha regalado y compártelo, no te lo quedes, ofrécelo a todos los que te rodean., DIOS lo tiene todo planeado no tengas miedo.
Creo que no hay que tener miedo a los planes de Dios aunque a veces no los podamos entender hay que dejarse llevar y fluir. El cuatro40 ha sido un regalo de DIOS que tengo que compartir con los demás, GRITAR muy alto y contarle al mundo que somos HIJOS DE DIOS que la GRACIA DE DIOS ESTÁ CON NOSOTROS y que CRISTO HA RESUCITADO PARA SALVARNOS Y DARNOS VIDA ETERNA.
Un abrazo en CRISTO.
Testimonio de Elvira (V cuatro40)
Vi por whasap lo del retiro cuatro40. Estuve viendo testimonios de personas que lo habían hecho. Me llamó mucho la atención ver cómo se sentían. Llame a Cari y le pregunté. Le dije que yo no era de rezar, que no sabía. Me animó mucho y me apunté.
Fue un fin de semana muy intenso. Me animé a ir porque estaba pasando un mal momento, que no soportaba, estaba perdida. Recordaba el relato del endemoniado y que Jesús se acercó y cambió su vida. Pensé… voy a abrir mi puerta a Jesús y pedirle que me ayudara a enriquecer mi fe, a entender porque me encontraba así de triste, perdida, sola, cansada de esa situación.
Bueno… pues a día de hoy, se me fue la tristeza, me siento querida por un equipo de compañeras, los párrocos, las coordinadoras. Siento que tengo una nueva familia en la parroquia, me han alimentado y tengo mucha hambre de fe, de escuchar a nuestros padres, me siento muy afortunada de este grandísimo cambio, este giro que ha dado mi vida. Lo digo como lo siento.
Doy gracias a todo el equipo por todo su trabajo y todo su esfuerzo, por su tiempo para hacer que personas como yo, perdidas, cambien la vida. Gracias a los párrocos: Manolo, Abraham.
Y pido a Dios que me ilumine en este camino, me de mucha luz y que no me pierda y si así ocurriera me ayude a volver a encontrarlo. Quiero seguir escuchando y aprendiendo, disfrutando y que el Espíritu Santo esté siempre conmigo, con mi familia, con mis amigos y ojalá mi historia pueda ayudar a personas con dificultades, que se dejen hacer y abran su corazón a Dios para que pueda entrar y ayudarles. Gracias.
Testimonio de Fátima (V cuatro40)
Durante un tiempo estuve atravesando momentos de mucha desesperanza. No encontraba sentido a muchas cosas que hacía, y diferentes situaciones en mi vida fueron generando en mí desánimo, miedo, inseguridades y mucha frustración.
A todo esto se sumaba la gran soledad que he sentido al dejar mi país hace ya 14 años. Ese dolor de estar lejos de mi tierra, de mi gente… fue poco a poco debilitando mi fe.
La invitación a vivir este encuentro Cuatro40 llevaba mucho tiempo rondando mi vida. Siempre encontraba una excusa… siempre pensaba que debía esperar “el mejor momento” para asistir. Pero no fue así. Finalmente llegué justo en mi peor momento… cuando todo lo veía oscuro y sin salida.
Sin embargo, en el fondo de mi corazón sentía que Dios, en medio del desierto que estaba viviendo, quería regalarme algo especial. Y hoy puedo decir con certeza que los planes de Dios son perfectos.
La vivencia de este retiro y de los seis encuentros posteriores significaron para mí una profunda sanación interior; fueron momentos de reencontrarme con Dios nuevamente a su manera, y pude experimentar su amor y sentirme verdaderamente como su hija amada.
Un tiempo de silencio interior, un tiempo para fortalecer mi vida de oración, donde he podido sentir que Él me sostiene y donde he sentido descanso en Él. He aprendido a aceptar con paz lo que Él dispone para mi vida, incluso en medio del dolor, pero ahora con libertad, con amor y con confianza.
También encontré una comunidad que, durante estos años en España, había estado buscando. Una comunidad hermosa, formada por personas que se preocupan por mí y me acompañan en este camino de fe. Son esos ‘farolitos’ que Dios ha puesto en mi vida para iluminar mis pasos. Aunque venimos de culturas diferentes, compartimos una misma fe y creemos en un mismo Dios. Y he comprendido algo muy importante: la fe no se vive en soledad… la fe se vive en comunidad.”
Hoy solo puedo decir: Gracias, Dios por este regalo tan hermoso que tenías guardado para mí.
Testimonio de Flavia (V cuatro40)
Que ha supuesto para mi el encuentro. Cuatro Cuarenta. Que desde ya digo que no ha sido simplemente un retiro o un momento bonito, sino que ha sido un encuentro real con el Señor.
Para mí, este encuentro ha sido como un alto en mi camino. Como si el Señor me dijera: Detente un momento mira todo lo que has vivido, mira todo lo que hemos caminado juntos. Y en ese silencio, en ese parar, he podido ver con claridad quién soy, de dónde vengo y hasta dónde he llegado. He podido reconocer todas las maravillas que el Señor ha hecho en mi vida, incluso en aquellos momentos donde yo sólo veía dolor, confusión y soledad. Porque muchas veces creía que estaba luchando sola, que todo dependía de mis propias fuerza, pero no era así. Hoy puedo decir con certeza que nunca he estado sola.
Mi vida y como migrante no ha sido fácil. Salir de mi país, dejar atrás mi tierra, mi gente, mi familia y mis amigos, no es solo cambiar de lugar, es empezar de nuevo y de cero con el corazón lleno de incertidumbre. Creo que aprendí a vivir entre dos mundos, sin sentirme completamente de ninguno. Muchas veces me he sentido fuera de lugar. Como si no terminara de encajar aquí, Y eso duele… duele más de lo que se puede explicar. Porque es una lucha interna constante: querer ser aceptada, querer pertenecer, querer encontrar mi sitio.
Intenté cambiar muchas cosas de mí para encajar, para ser como los demás, para no sentirme diferente. Pero en ese intento, me fui perdiendo a mí misma. Hubo momentos en los que ya no sabía quién era. y dentro de mí solo había una pregunta: ¿entonces quién soy? Que ha sido de mi. A todo eso se sumaban mis propias inseguridades. Siempre pensé que era poca cosa, que no sería capaz de llegar lejos, que nunca sería como esas personas que parecen tenerlo todo: seguridad, éxito, facilidad para relacionarse. A mí siempre me ha costado acercarme a la gente, iniciar una conversación, crear amistades, y eso, en un país que no es el mío, pesa aún más.
Pero como si eso no bastará el Señor, me dio un momento que marcó profundamente mi vida, fue la pérdida de mi padre, estando lejos de él. Uno de los dolores más grandes que he vivido. Y quizás uno de los momentos en los que más sola podría haberme sentido… pero no fue así. Yo estaba en ese banco de atrás sentada donde solía sentarme era un 3 de mayo en misa de 12 . ya sabia que mi padre en cualquier momento cerraría sus ojos para siempre, ese día en medio de la misa recibí la llamada de una de mis hermanas que me decía, quiero decirte que papa ha muerto… solo me pudo decir eso y yo no le dije nada, fue la llamada más corta que he tenido con mi familia. y me quede Señor que ha pasado. terminaba la misa y se acercaba siempre con una gran sonrisa Isabel a saludarme, a lo mejor ella ni lo recuerde pero yo jamás lo olvidare, no se sus palabras de consuelo que me habrá dicho, pero lo que no se me olvidara es que ese día me llevo a la capilla de los salones de caritas y oro por mi y estuvo conmigo gracias Isabel, porque gracias a ello no me sentí sola el Señor me la permitió en mi camino en ese momento, hasta ahora lo veo claro, ahí estuvo presente Dios.
Y con esto les digo a todos que nuestra iglesia vale la pena, porque Dios esta presente en ella, esta presente en nosotros que nos congregamos aquí y que creemos, se hace presente en cada uno de nosotros para ayudar a los medas de una manera que a lo mejor ni lo imaginamos.
El Señor siempre ha estado presente. Aunque yo no lo entendiera, aunque el dolor fuera tan grande que no me dejara ver nada más… Él estaba sosteniéndome. Él estaba cargándome, como un padre carga a su hijo cuando ya no puede más. Él lloraba conmigo, caminaba conmigo, me daba fuerzas cuando sentía que ya no podía seguir. Y así, en cada etapa de mi vida, incluso en las más oscuras, la mano de Dios siempre se ha hecho presente, a través de cada uno de vosotros quizás con un gesto pequeño…un saludo una sonrisa etc, pero para mí era todo. Era sentir que alguien me veía. Era sentir que no estaba sola. Era volver a respirar. Era volver a vivir.
En este encuentro, cuatro40. el Señor me mostró algo que ha cambiado completamente mi forma de verme a mí misma
Me hizo entender que, por encima de todo lo que soy, de mi historia, de mis heridas, de mis miedos… hay algo que nunca cambia: que yo Soy hija de Dios. Y eso es lo que realmente me define.
Este encuentro me ha hecho ver que no necesito encajar en ningún sitio, ni cambiar quién soy para ser aceptada. Porque en Dios ya tengo un lugar. En Él ya pertenezco. Y en la fe, a todos nos hace familia. Hoy puedo decir que la fe es vida. Es refugio. Es fuerza. Es lo que me ha sostenido cuando todo lo demás fallaba. La fe me ha dado una familia. Me ha regalado hermanos, Me ha enseñado que no importa el lugar del mundo donde este. nunca estaré sola.
Yo, Flavia, hija muy amada de Dios, puedo decir hoy con el corazón desbordante: el Señor siempre ha estado en mi vida. En mis alegrías, y en mis lágrimas. En mis logros, y en mis caídas. En mis certeza, y en mis dudas.
Y me siento profundamente agradecida. Agradecida por cada paso, por cada prueba, por cada persona que Dios ha puesto en mi camino. Porque ahora entiendo que todo ha tenido un propósito. Y sobre todo, entiendo que no camino sola… nunca lo he hecho. Comparto esto, porque a lo mejor alguien este pasando por lo mismo, que sepa que aquí en la parroquia hay una familia que le recibe con los brazos abiertos y sobre todo que la presencia de Dios es maravillosa..
Testimonio de Ina (V cuatro40)
Yo no sé expresar muy bien las emociones de fe, pues mi abuela paterna fue la que me enseñó a conocer a Jesús y hablar con El cómo a un amigo, yo tenía ocho años
Siempre lo he sentido a mi lado, siempre he sentido su amor, como me cuida he pasado momentos difíciles y siempre lo he tenido a mi lado.
El fin de semana del cuatro40 ha sido un regalo pues ha sido un tiempo de estar con Él con relajación, paz y volver a sentir su amor Lo recomiendo a las personas q conozco y q se sienten solas o tienen dudas sobre su fe.
Testimonio de Laly (V cuatro40)
Mi camino de fe no empezó solo; comenzó a caminar el día que conocí al que hoy es mi marido. Él fue el primer puente hacia Dios, y hoy, que ambos estamos recorriendo juntos el camino de Proyecto Amor Conyugal, entiendo con total claridad que Dios me lo puso como una semilla. Él fue el instrumento del Señor para que yo empezara a vislumbrar lo que significa ser una hija amada; a través de nuestro amor, Dios fue preparando mi terreno.
Poco a poco he ido redescubriendo a Cristo en mi vida, aunque debo confesar que mi fe no ha sido una línea recta. He tenido momentos de oscuridad y dudas que a veces me han hecho tropezar o recaer. Sin embargo, en esos momentos difíciles, Dios no me dejó sola: puso en mi camino a compañeras que han sido luz. Gracias a María Jesús y a María, y después a Isabel Lledó, Isabel Olmos y Mari Tere, que me han guiado y sostenido cuando más lo necesitaba. Con su
testimonio y su cariño, ellas me han recordado lo profundamente amada que soy, incluso cuando yo misma no podía verlo.
Al llegar al encuentro cuatro40, esa semilla floreció de una manera nueva. Me esperaban con los brazos abiertos y una alegría que me desbordó. Me encontré con un ambiente lleno de paz, donde el servicio y el acompañamiento constante de todos en todo momento me hicieron sentir, por fin, en casa. No eran solo palabras; era el amor de Dios hecho servicio en cada detalle. Las reuniones semanales han sido el espacio para confirmar que no camino sola. Mi comunidad me ha sostenido y me ha enseñado que la misión de evangelizar empieza por dejarse amar.
Si tuviera que resumir todo lo que Dios ha grabado en mi alma en este encuentro en una sola palabra, esa es: CONFÍA.
Confía en el plan de Dios para mi matrimonio, confía en mi identidad como Su hija y confía en que, a pesar de mis dudas, Él siempre me espera con los brazos abiertos.
El cuatro40 me enseñó que mi valor no depende de lo que otros piensen o hagan, que puedo amar y servir desde la fe y desde la paz, y que ser semilla de Dios es vivir su amor cada día. Hoy camino con una fe más madura, más libre y más confiada, y mi corazón agradece por cada prueba, cada abrazo, y cada persona que han sido instrumento del amor de Dios en mi vida. Dios me enseñó que no estoy sola, que siempre estoy sostenida, y que mi historia es Su obra de
amor.
Testimonio de Antonia García León (V cuatro40)
Por fin pude vivir el encuentro “Cuatro40”, algo que llevaba mucho tiempo deseando. Y fue una doble alegría, porque no fui sola: mi marido, que al principio estaba más distante, decidió acompañarme. Para mí, eso fue un regalo del Señor.
Allí me sentí muy acogida, querida y cuidada. Me descubrí como una hija amada de Dios, incluso con mis debilidades. Entendí que Dios nunca me ha abandonado; era yo quien muchas veces me alejaba. Fueron días intensos. Lloré, pero también sentí una alegría muy profunda. Comprendí que no estamos solos, que el Señor siempre está cerca, buscándonos y amándonos.
Aprendí a abrir más mi corazón, a dejar los miedos y a quedarme con lo bueno. Descubrí la importancia del Espíritu Santo y de la Palabra de Dios para mi vida. También me marcó mucho el servicio y el amor con el que me cuidaron. Eso me enseñó a valorarme más y a aprender a recibir.
Hoy quiero seguir este camino: rezar más, escuchar al Señor y sentir su presencia. Quiero amar, perdonar y ayudar más a los demás. Yo siempre pedía que aumentara mi fe, y puedo decir que este encuentro la ha fortalecido y ha abierto mi corazón.
Testimonio de María Úbeda (V cuatro40)
Cuando me apunté al cuatro40 no lo tenía muy claro, pero tenía inquietud, la verdad, por saber de qué se trataba, me habían hablado que sería muy bueno para mi fe y mi crecimiento personal. La verdad que cuando llegó el día pensé no ir, dónde iba yo si no iba a cambiar nada a mi fe… pero algo me movía por dentro y fui con dudas y muchos nervios y a la vez mucha ilusión y esperanza.
Cuando entré allí con esa acogida con tanto cariño, me olvidé de las cosas de fuera y comencé a disfrutar. No sé ni cómo comenzar, pero deciros que la alegría se comparte. Se que alguien siempre va conmigo, que los problemas que tengo en mi vida son pequeños aunque sean muy importantes para mí. Descubrí que tengo un compañero de viaje llamado Jesús. Que nunca estoy sola, que tengo fe y se alimenta en la comunidad y compartiéndola con todos. Y con tus hermanos en la fe se hace grande comprender, perdonar, amar, y compartir.
Siento que no estoy sola, que teniendo a mi lado a Jesús y a los hermanos todo lo puedo, que soy hija amada por Dios. Me he reafirmado en mi fe, he hecho balance de mi vida, me he emocionado y he descubierto que mi vida es importante, pero con la fe sea pequeña o grande, porque no se medirla,
Gracias Dios, necesito valentía para crecer y abrir mis ojos y mi corazón porque sigo en pie y necesito fe para no pensar en lo que no tengo sino en dar gracias gracias por lo que sí tengo, necesito vaciar mi mochila de piedras y dejar entrar la arena de mi compañero de vida Jesús.
“Este es el mejor momento de salir y respirar”
Testimonio de Verónica (V cuatro40)
Me gustaría empezar por presentarme. Me llamo Verónica, hija de Fina la lechera, hermana de Encarna y no sigo presentando a mi super familia porque se va el folio. A pesar de eso era una más del montón ¿y qué es eso? Bueno, esa chica del montón es una persona invisible, insegura, miedosa, culpable y pecadora. Quien me conozca no podrá creer lo que estoy diciendo… sobre todo porque, según me dicen, no APARENTO eso.
Para ser sincera, antes de este encuentro la iglesia para mí era algo en contra de mis pensamientos racionales. Esto lo digo porque según fuentes de INTERNET y HABLADURÍAS, hay cosas en mi vida que, para SEGÚN QUIENES, no son lo “objetivamente estipulado”. Esto me llevaba a alejarme y decir “vale, yo llevo mi propia fe”.
Lo cierto es que en mis momentos oscuros me agarraba a una cruz y rezaba como si no hubiera un mañana. Me ponía Radío María y rezaba el Rosario, yo sola pero alejada de lo que es la parroquia y su vida con el pensamiento de…yo no encajo porque mi forma de amar es otra. Pero amigos, qué equivocada estaba…
Después de una de las danas más impactantes y destructoras que he tenido en mi vida aparece una persona, o mejor dicho, una luz que me hace cambiar todo: mi hermana Encarna. Un día llega y me dice… mira lo que te digo, te apunto al cuatro40. Te hace falta y lo necesitas. Mi respuesta fue “Vale, un fin de semana de descanso y relax que me hace falta sí, eso sí, yo catequista no quiero ser” Su respuesta “ni yo que lo seas” en tono sarcástico.
Una vez apuntada la gente (acordarse de que era invisible según yo) empieza a decirme “¡Madre mía! ¡Qué bien! ¡Me alegro muchísimo! ¡Qué emoción! ¿Tu? ¡Qué fuerte!,” y yo por supuesto flipando en colores porque algunas casi lloraban.
Llega el esperado día que comienza este torbellino, huracán y tormenta que fue mi encuentro con dios. Tenía claro que iba a abrirme en canal y dejarme llevar por todo lo que me viniera. Solo puedo decir que me llevé 5 paquetes de clinex y todavía tuve que usar el rollo de papel higiénico del baño, lo cual significó LIMPIEZA, PURIFICACIÓN Y ENCUENTRO.
Al terminar pensé que era el fin, pero de repente me encuentro en el vía crucis, en misa un día a la semana y los domingos, planeando un viaje de misionera a Bolivia, en el encuentro Tabor, leyendo la Biblia, rezando, viendo The Chosen y dentro de la vida de la parroquia ¿Y eso como ha sido? No puedo decir más que cuando descubres un lugar donde todo se mueve con amor, ves el cariño y la dedicación con que hacen absolutamente todo y donde solo sientes cosas buenas y muy bonitas lo único que te queda es abrirte en canal y empaparte de la gracia divina.
Al principio he dicho que ERA una del montón. Pues ahora digo que SOY una del montón, pero del montón de GENTE MARAVILLOSA QUE FORMA EL 4-40 y por supuesto del montón que forma la PARROQUIA DE TORRE PACHECO.
Y por último decir: Gracias Dios mío por salir a mi encuentro porque hoy mi fe no es un misterio, es una relación viva con el Espíritu Santo. Gracias por el retiro cuatro40 que me sacudió y por cada uno de esos seis jueves que me sostuvieron y me enseñaron a caminar a tu lado.
Con el corazón abierto y lleno de gratitud, Verónica, hija amada de dios
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